—Sal, por favor —Nicolás se frotó las sienes, visiblemente agotado.
La asistente abrió la boca, titubeando, pero al recibir la mirada fulminante de Inés solo pudo salir del despacho, resignada y con el ánimo por los suelos.
...
—¿Y ahora qué hacemos? —preguntó alguien, rompiendo el silencio tenso.
—Débora, ¿mi celular se puede reembolsar? —la asistente casi estaba al borde de llorar.
Débora, sintiéndose culpable, asintió apresurada, le firmó la nota y le indicó que fuera con el departamento de finanzas a hacer el trámite.
El ambiente en la oficina era tan denso que cualquiera se hubiera sentido asfixiado.
...
—¿Y de qué sirve que te la pases aquí de malas? —Nicolás no ocultaba el desprecio en su mirada. Los dos ni siquiera podían verse a la cara, pero estaban obligados a remar juntos en el mismo barco.
—¿Entonces qué sugieres? —replicó Inés, cruzada de brazos.
—Dale tiempo. No respondas nada, no te enganches. Ya nos exhibieron, digas lo que digas solo vas a empeorar la cosa. Ni se te ocurra disculparte: mientras no haya una disculpa, no hay confirmación. Además, consigue información de algún famoso y suéltala, así distraemos a la gente y desviamos la atención —Nicolás lo dijo con una calma que contrastaba con el caos del momento.
—¿De verdad crees que eso funcione? —Inés lo miró, dudosa.
—Esto dura unos días, nada más. En dos meses nadie se va a acordar. Cuando pase el tiempo, seguimos con lo nuestro. Y si hace falta, le pagamos a unos bots para limpiar el escándalo en redes.
Inés, al escuchar su plan, se fue relajando poco a poco.
—Aquí tengo el número de un paparazzi muy famoso. Elige a uno que tenga impacto y mueve el tema cuanto antes —Nicolás le mostró su lista de contactos y le acercó el celular.
Inés lo apuntó y, sin perder tiempo, marcó el número directamente.
...
Mientras tanto, en la fábrica, David y Vanesa se encargaban de supervisar el avance. Sabrina revisaba los últimos detalles y hasta Regina había sido reclutada para ayudar. Por su parte, Estrella estaba en el local del evento, asegurándose de que todo quedara impecable.
Según sus propias palabras, tenía que dejar claro que superaban a Inés en todo: desde los equipos hasta el local, no podían permitirse perder ni en el más mínimo detalle. Quería que, desde el primer paso, se notara quién llevaba la delantera.

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