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La rebelión de la sustituta: El karma del heredero romance Capítulo 3

Dayana llegó a la casa de los Castaño justo a las siete.

La lluvia no había cesado. Cerró el paraguas y sacudió el agua de sus zapatos en la entrada.-

La puerta de metal del viejo edificio estaba oxidada y la acústica era terrible; a través de la madera se escuchaban claramente las carcajadas desde el interior.

Mariela se estaba riendo, Hernán también, y ese muchacho de quince años, Ciro, soltaba unas carcajadas escandalosas.

Dayana sacó la llave, la metió en la cerradura y giró dos veces hacia la izquierda.

La puerta se abrió.

Era un diseño antiguo, la puerta daba directo a la sala.

Lo que había sobre la mesa de centro fue lo primero que Dayana notó.

Un enorme plato lleno de fresas brillantes, cuatro o cinco bandejas con cortes finos de carne, y a un lado, una olla con caldo humeante para una cena especial.

Otoño, lluvia torrencial, una familia reunida comiendo caliente... sin duda era una imagen acogedora.

Si tan solo esa familia tuviera algo que ver con ella.

Dayana se quedó de pie en la entrada, y los recuerdos de la novela inundaron su mente.

Esta escena era idéntica a lo descrito en el libro, incluso la posición de las fresas en la mesa.

Mariela Castaño había recibido cien mil pesos de adelanto de Luciano y, de inmediato, corrió a un supermercado exclusivo para comprarle a su hijo fresas que costaban cientos de pesos el kilo.

Desde el día que adoptó a Dayana, Mariela siempre pensó que la niña era una resbalosa.

Tenía una piel de porcelana y unas facciones demasiado delicadas, incluso más hermosas que las de las niñas que salían en la televisión.

Mientras crecía, se volvía más bella. En el vecindario, tanto jóvenes como viejos siempre buscaban una excusa para invitarle algún dulce.

¡Una cualquiera!

¡A esa edad y ya sabía cómo provocar a los hombres!

Mariela la había golpeado varias veces por eso. Una vez la encerró en el baño por todo un día y una noche sin darle agua ni comida, diciéndole que reflexionara sobre su comportamiento.

Si abandonar a un niño adoptado no fuera un delito que podría arruinar el trabajo de su esposo en la fábrica, ya la habría echado a la calle hace años.

Consideraba que había tenido una suerte terrible.

Al principio, pensó que era estéril y por eso decidió adoptar. Sin embargo, un par de años después, quedó embarazada y tuvo a su precioso niño robusto.

Con la llegada de su hijo biológico, Mariela no podía soportar ver a Dayana.

Cuando Luciano apareció en su puerta buscando llevarse a la chica, Mariela agarró una escoba lista para golpearlo, pensando que era uno de los tantos hombres con los que su hija se andaba insinuando.

Pero en el momento en que escuchó las palabras del hombre, la escoba cayó al suelo.

—¿Qué dijo?

—Dayana es su hija adoptiva, ¿no? Entréguemela y les daré tres millones al año.

Los ojos de Mariela casi se salen de sus órbitas.

Nunca en su vida había visto tanto dinero.

Al final, resultó que la resbalosa valía bastante.

Sin embargo, pensó que, al tratar con alguien tan rico, seguro podría sacarle un poco más.

Mariela fingió una expresión de aflicción.

—Ay, joven... he criado a mi niña por tantos años, el cariño es muy profundo, esto es tan...

Luciano, que ya había investigado el origen de los Castaño, sonrió con frialdad.

—Dígale a Dayana que vaya a verme mañana. Serán cinco millones.

Mariela casi se desmaya ahí mismo.

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