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La Rosa Negra: El Regreso de la Hija Traicionada romance Capítulo 262

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—Déjeme recordarle que anoche Esteban ya accedió a transferirle el diez por ciento de sus acciones a Mila. ¿Qué pasa, hoy quiere aprovechar el respaldo de Don Nicolás para arrepentirse?

A Esteban le corría un sudor frío.

En efecto, tenía esa intención. Quería arriesgarse, ya que ese diez por ciento de las acciones era vital.

Pero quién diría que Nuno Páez ni siquiera le tendría respeto a Don Nicolás. Era un maldito demente.

Nicolás frotó el mango de su bastón, con los nudillos ligeramente blancos por la fuerza:

—Nuno, eso es demasiado. Sabes bien que el padre de Mila es el presidente de la corporación. Si sus acciones caen por debajo del veinte por ciento, su autoridad se verá afectada, y eso no será bueno para el desarrollo de la empresa.

—Don Nicolás, si teme que mi suegro pierda autoridad, siempre pueden cambiarlo por alguien con más peso —una sonrisa perversa se dibujó en los labios de Nuno—. Por ejemplo, mi esposa, Mila Quiroz.

—Ella ya recibió un cinco por ciento de las acciones de parte de Luna. Si le sumamos este diez por ciento, tendría el quince por ciento. Creo que está perfectamente calificada para asumir el puesto de presidenta.

Las palabras desataron un murmullo de asombro entre los presentes.

Para todos ellos, Mila era solo una chica que había vuelto del campo, con antecedentes penales de cuatro años en la cárcel. Y ahora, ¿poco después de salir, planeaba tomar el control de la Corporación Quiroz?

¡Era un disparate total!

Pero quien lo decía era El Verdugo de Valle Plateado, Nuno Páez. Ante la presión de la familia Páez, el abuelo realmente podría acceder.

—Ay... —Nicolás soltó un largo suspiro, con tono melancólico—. Milita en verdad es brillante. Aunque su historial tiene algunas manchas, su talento lo compensa. Yo...

—Abuelo.

Justo cuando Nicolás sopesaba los pros y los contras, dispuesto a ceder, Mila dio un paso al frente de repente, manteniendo su sonrisa obediente.

—Milita, ¿qué sucede? —Nicolás frunció el ceño ligeramente, poniéndose en guardia, temiendo que su nieta se aprovechara de la situación. Si su ambición era demasiada, tendría que reevaluar el valor de esa pieza en su tablero.

—Puedo rechazar ese diez por ciento de las acciones.

Esas palabras dejaron atónitos a todos, incluso Nuno levantó una ceja.

Teniendo la victoria asegurada, ¿por qué rendirse en el último momento?

Nicolás se recuperó de la sorpresa y preguntó con cautela:

—Entonces, Milita, ¿qué es lo que quieres?

Mila se volvió lentamente hacia Esteban, con una mirada afilada que perdió al instante toda su suavidad:

—Que el incidente de anoche sirva para cortar mis lazos afectivos con él. Abuelo, quiero cambiar esas acciones por un favor: permítame firmar el Acta de Desvinculación de él.

¿Desvincularse?

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