Mila lo miró de reojo y soltó una carcajada burlona.
—El señor Quiroz es realmente un profesional. Anoche recibió un castigo tan severo que le dejó la espalda destrozada, ¿y aun así insiste en venir a presidir la junta de accionistas? Es verdaderamente admirable.
Con esas palabras, la sala de reuniones, antes en silencio, estalló en murmullos. Los directores comenzaron a susurrar entre sí.
—¿El señor Quiroz está herido? ¿Es muy grave? ¿No debería... dejar que el director Zaldívar presida la reunión mientras él se recupera?
—Con esa postura al sentarse, no parece que le pase nada.
—¡Escuché que el señor Quiroz fue sometido al castigo familiar y recibió treinta azotes! Vaya, venir a trabajar después de eso... es un hombre rudo.
Entre los murmullos había tanto falsa preocupación como burlas llenas de regocijo.
El rostro de Esteban Quiroz estaba lívido, pero no tenía tiempo para prestar atención a los demás. Solo miraba fijamente a esa hija rebelde que sonreía con sorna, deseando poder despedazarla.
Mila ignoró por completo su mirada feroz y tomó asiento con tranquilidad, manteniendo una postura elegante.
—Señorita Mila, es cierto lo que dicen, la juventud viene pisando fuerte —susurró Eric Zaldívar, el director sentado a su lado, con una sonrisa amable—. He tratado con Esteban durante muchos años y es la primera vez que lo veo tan acorralado.
—Director Zaldívar, creo que en el futuro tendrá muchas más oportunidades de ver escenas como esta —respondió Mila, girando la cabeza para devolverle la sonrisa.
—¿Ah, sí?
Eric levantó una ceja, observando a la chica con creciente curiosidad.
La Mila de hoy irradiaba calma y seguridad. Sus ojos brillaban con la astucia de un cazador, como si estuviera preparando una tormenta perfecta.
Las luchas internas en la Corporación Quiroz siempre habían sido feroces, pero con la llegada de esta joven indomable, el gran barco corporativo perdería cualquier rastro de paz.
—Señorita, entonces estaré esperando con ansias —dijo Eric con una sonrisa enigmática—. En el futuro, si necesita ayuda con algo, no dude en buscarme.
Mila asintió levemente, con una expresión ilegible, sin apresurarse a tomar una postura.
Todos los presentes eran zorros viejos con años de experiencia, calculando cada movimiento. Solo Eric parecía mantener una posición neutral. Si lograba ponerlo de su lado, podría convertirse en un gran apoyo.
*Toc, toc.*
El sonido de los nudillos de Esteban golpeando la mesa de madera cortó en seco los murmullos. Paseó su mirada gélida por la sala, y de inmediato se hizo el silencio. Todos contuvieron la respiración, esperando a que hablara.
—Ya que estamos todos, comencemos la reunión. Hoy solo hay un punto en la agenda: la caída de los ingresos de la Corporación Quiroz en el tercer trimestre.
Esteban expuso el informe trimestral como un trámite, señalando los problemas y sugiriendo un par de direcciones vagas para mejorar. Sin embargo, cuando los presentes escucharon que los ingresos del grupo habían caído casi diez puntos en comparación con el trimestre anterior, fruncieron el ceño de forma instintiva.
—¿Qué tienen que decir sobre este desastroso informe trimestral?

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