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La señora no perdona al infiel (Yamila Rivera) romance Capítulo 1197

Un día antes de irse a San Aurelio, Héctor y Julieta organizaron una comida en Costa Dorada.

Jairo, Rafael y los demás asistieron.

Julieta también llamó a Rocío para invitarla.

Sin embargo, don Quiroz había sido hospitalizado de repente y Rocío debía quedarse a cuidarlo, así que no pudo ir.

Sergio había regresado al país tiempo atrás, pero hacía unos días había vuelto a Auremont.

Todos se sentaron en el cálido invernadero de cristal y comieron carne asada.

Irene miró a Julieta.

—Con esa panza, se nota que es niño.

Julieta llevaba un suéter largo y holgado, pero el embarazo ya era muy evidente.

Se llevó a la boca un trozo de carne de res que Héctor acababa de cortarle y preguntó con curiosidad:

—¿Eso también se puede saber con solo verla?

Irene respondió:

—He oído que cuando es niño, la panza se ve más firme. Así les pasó a mis primas. Cuando estaban embarazadas de niñas, se les veía enorme.

Mariana intervino:

—No siempre. Mi prima tenía una panza muy pequeña cuando esperaba a su hija. Todos decían que iba a ser niño y al final fue niña.

Irene sonrió.

—Siempre hay excepciones. Mariana, tú también deberías pensar en tener uno. El segundo hijo de Julieta ya casi nace.

Mariana pinchó un trozo de carne con el tenedor y se lo acercó a la boca de Irene.

—Tú come. Ni siquiera me he casado y ya me estás pidiendo un hijo. Ni mis papás tienen tanta prisa.

Julieta no pudo evitar reírse.

Los demás, por supuesto, también habían escuchado.

Héctor miró a Jairo y chocó su copa con la de él.

—La verdad, sí deberías apurarte.

Mariana estuvo atenta a su reacción.

Jairo respondió sin cambiar de expresión:

—Tú concéntrate en acompañar a Julieta hasta que nazca el bebé.

A Mariana no le sorprendió esa respuesta.

Durante los últimos dos o tres meses, cada vez que lo invitaba al cine o a ir de compras, él aceptaba.

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