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La señora no perdona al infiel (Yamila Rivera) romance Capítulo 1205

Julieta llevaba un vestido largo de seda con los hombros descubiertos y el cabello recogido sin apretar.

Sin maquillaje, descansaba en el sofá mientras la brisa movía ligeramente la falda. La luz del sol suavizaba aún más sus facciones.

Miraba las fotos del viaje que le había mandado Mariana.

Si las cosas seguían así, seguramente no tardarían en casarse.

Estaba platicando con ella cuando sintió un cosquilleo junto al oído y percibió aquel conocido aroma a madera.

Julieta levantó una mano para apartar a Héctor.

—¿Qué haces?

Él se sentó a su lado y la atrajo hacia su pecho.

—¿De qué hablan que estás tan entretenida?

—Jairo llevó a Mariana a pasear.

—Qué bueno. Ojalá tome un poco más la iniciativa. Aunque tampoco importa si es lento para estas cosas. Tarde o temprano, Mariana va a atraparlo como un gato a un ratón.

—Si Jairo es el ratón, ¿tú qué eres?

—Otro gato.

—Tú eres un zorro.

La sonrisa de Héctor se acentuó.

—También me sirve. Y este zorro tiene hambre.

Enterró el rostro en su cuello y murmuró con voz ronca:

—Hueles tan rico que me dan ganas de comerte.

Julieta intentó apartarse, pero él se acercó más.

Quiso protestar, pero un beso ardiente le cortó las palabras.

Cuando logró reaccionar, Héctor ya la había levantado en brazos.

Al darse la vuelta, él se encontró con Sofía, que se acercaba con unas flores recién cortadas.

Sofía parpadeó y resopló.

—Otra vez estás pegado a mamá. ¡Los vi dándose besos!

Casi todos los días los sorprendía así. Héctor no se despegaba de Julieta.

Julieta lo fulminó con la mirada y le pellizcó un brazo.

—¿Ya me vas a bajar?

Pero él la sostuvo con firmeza y le sonrió a Sofía.

—Tenemos algo que hacer. Juega un ratito tú sola.

—¿Por qué siempre tienen tantas cosas que hacer?

Julieta volvió a pellizcarlo, pero Héctor no la soltó.

Le pidió al mayordomo que cuidara a Sofía y entró al elevador con Julieta en brazos para ir directamente a la recámara.

***

Después de las vacaciones de Año Nuevo llegó la fecha en que la familia había acordado reunirse a comer.

El parto de Julieta estaba previsto para finales de febrero.

Ya se encontraba en el último trimestre y se le habían empezado a hinchar las piernas.

Héctor le daba masajes todos los días. También la ayudaba a bañarse y a lavarse el cabello.

Ella se había acostumbrado a sus cuidados.

La propiedad contaba con equipo médico especializado y personal de salud, así que no tenía que trasladarse para sus revisiones de rutina.

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