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La señora no perdona al infiel (Yamila Rivera) romance Capítulo 1207

Julieta murmuró:

—Está precioso.

—En ti se va a ver todavía más hermoso.

Ella le devolvió la tableta.

—Cada vez sabes mejor cómo endulzarme el oído.

Héctor sonrió con ternura.

—¿No te gusta?

Julieta alzó las cejas.

—No.

—Entonces te lo voy a decir todos los días, hasta que te guste.

***

Dos días después, a las nueve de la noche, Julieta comenzó a tener contracciones.

El parto se había adelantado unos días.

Cuando alcanzó los tres centímetros de dilatación, estaba pálida por el dolor.

Le temblaban las piernas y se aferraba al brazo de Héctor.

—Héctor.

Él le tomó la mano y no dejó de tranquilizarla.

Julieta estaba acostada, con la frente cubierta de sudor frío.

Héctor le habló en voz baja:

—Pronto te vas a sentir un poco mejor.

Ella respondió, sin fuerzas:

—No quiero volver a tener hijos.

—Está bien. No tendremos más. Lo que tú quieras.

A las cuatro de la madrugada alcanzó los diez centímetros de dilatación y la llevaron a la sala de partos.

Héctor había llamado a Jairo media hora antes.

Jairo, Jimena y los demás ya habían llegado.

Después, Héctor se comunicó con Celeste.

—Ya entró a la sala de partos. Ven con Sofía cuando se despierte.

En cuanto colgó, Jairo preguntó:

—¿Cómo está Julieta?

—Por ahora parece que todo va bien. Hay que esperar.

Era lo único que podían hacer.

Durante esos dos días, Jimena había visto con sus propios ojos cómo Héctor cuidaba a Julieta.

El equipo médico también le inspiraba confianza.

Aun así, al recordar lo que había vivido Julieta cuando nació Sofía, no pudo evitar preocuparse.

Mariana la tomó del brazo y la consoló:

—No se angustie. Julieta va a estar bien.

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