Entrar Via

La señora no perdona al infiel (Yamila Rivera) romance Capítulo 272

Capítulo 272 Sus miradas se cruzaron, y por un instante el aire pareció detenerse.

Carlos esbozó una leve sonrisa y, con naturalidad, apartó la vista para volver a la pantalla y responderle.

*** Cerca de las nueve, Julieta llevó a Sofía arriba para descansar.

Carlos dijo:

—Luego te envio los documentos para que los revises.

—Está bien —respondió Julieta.

Sofía se despidió de ellos agitando la mano.

Irene recordó:

—Mañana no olvides traer a Sofía a desayunar.

—Claro.

Julieta subió con Sofía.

Aunque no vivía ahí con frecuencia, la casa se mantenía limpia, ya que una empleada acudía a hacer el aseo, así que no era necesario arreglar nada.

Julieta preparó el agua caliente para bañarla.

Justo entonces, escuchó una voz desde la sala:

—Papá.

Se sobresaltó y salió de inmediato del baño.

Sofía había ido a abrir la puerta.

Julieta se quedó en su lugar, sorprendida.

Sofía tomó la mano de Héctor y lo hizo pasar.

Él llevaba una bolsa en la mano; parecía contener cosas de Sofía.

Julieta se acercó, frunciendo ligeramente el ceño.

—¿Qué haces aquí?

Héctor aún no respondía cuando Sofía habló primero:

—Papá me llamó. Le dije que me iba a quedar aquí, y vino a traerme roра.

Su voz era suave, como si hubiera hecho algo mal, temiendo que Julieta se molestara.

En ese instante, el corazón de Julieta se ablandó.

Se inclinó y la abrazó.

—Vamos a bañarnos primero, ¿si?

Al ver que no estaba enojada, el rostro tenso de Sofía se relajó de inmediato. Asintió.

Héctor extendió la bolsa hacia ella.

—Es la ropa de Sofía.

Era un collar con un dije de diamante rosa.

Por el diseño y la calidad, era evidente que provenía de un maestro joyero de primer nivel.

En Gran Bahía, Héctor había conectado por videollamada con Sofía para que eligiera un regalo.

Ella había querido escoger un collar para Bianca.

Héctor la dejó elegir, y ese modelo, una edición limitada a nivel mundial, había tenido que ser traído del extranjero.

Apenas había llegado ese día.

Julieta miró el collar, luego a Sofía, cuyos ojos brillaban de emoción y expectativa.

Una leve sonrisa se dibujó en sus labios.

—Me encanta.

Sofía sonrió feliz.

—Bueno, es hora de dormir.

—Sí.

Julieta tomó el collar y llevó a Sofía a su habitación.

Aunque era un lugar completamente distinto, Sofía dormía tranquila, con Bianca a su lado.

Después de arrullarla hasta que se durmió, Julieta se dispuso a bañarse y luego avanzar un poco más con el trabajo.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: La señora no perdona al infiel (Yamila Rivera)