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La señora no perdona al infiel (Yamila Rivera) romance Capítulo 990

Sofía le preguntó cuándo regresaría a casa.

—Estoy comprándote ropa. Ya casi regreso.

—Sí.

Por lo visto, Héctor no había llamado a Sofía.

En ese aspecto siempre había sido muy cuidadoso: nunca descargaba sus emociones sobre ella.

Después de terminar las compras y salir del centro comercial, Carlos llevó a Julieta de regreso a Villa Esperanza y subió con ella.

—Descansa temprano esta noche.

Julieta asintió.

—Tú también.

Cuando entró al departamento, Irene y Camila todavía estaban ahí.

—Ya regresaste —dijo Irene.

Sofía corrió hacia Julieta y la abrazó por la cintura.

—¡Mamá!

Julieta le acarició la cabeza.

Sofía tomó algunas de las bolsas que llevaba.

—Yo te ayudo.

Julieta se volvió hacia Irene.

—También le compré varios conjuntos a Camila. Revisa si le quedan bien.

—Claro.

Un rato después, Irene subió con Camila.

Julieta ayudó a Sofía a bañarse y le puso la pijama.

Ella se revolcó un rato sobre la cama mientras Julieta le hacía cariños y jugaba con ella.

Se quedó acompañándola hasta que finalmente logró dormirla.

Ximena había apartado una porción de la cena para Julieta.

—Ximena, ve a descansar.

—Sí.

Julieta se quedó sola en la sala, tomando una sopa de res con verduras mientras revisaba el celular.

Fuera de aquella llamada perdida, Héctor no había vuelto a mandarle ningún mensaje.

No hacía falta pensarlo demasiado. Seguro seguía molesto con ella.

Dejó el celular a un lado y decidió ignorarlo.

Apenas había tomado una cucharada de sopa cuando la pantalla volvió a encenderse.

Tras una breve pausa, Héctor preguntó:

—¿Hay algo que me estés ocultando?

Julieta se enfureció al instante.

—Entiéndelo de una vez. Ya estamos divorciados. Tú y yo ya no tenemos ninguna relación. ¿Ahora resulta que tengo que informarte de todo lo que hago?

—Solo te hice una pregunta. ¿Por qué te alteras tanto?

Julieta apretó el celular con fuerza.

Nunca debió contestar esa llamada.

—No vuelvas a llamarme —le advirtió con dureza.

Colgó y dejó el celular a un lado con enojo.

Entonces sintió una molestia en el vientre.

Se recargó en el sofá, cerró los ojos e intentó tranquilizarse.

Los dos gatitos se restregaban contra sus piernas e intentaban subir al sofá, pero por más que lo intentaban no lo conseguían.

Julieta abrió los ojos, los levantó y los puso a su lado.

Al verlos, poco a poco recuperó la calma.

Después fue al baño a asearse y regresó a la recámara para dormir junto a Sofía.

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