Dicho esto, Jimena se dio la vuelta y entró al elevador.
Regina se quedó parada en su lugar y soltó un fuerte suspiro de alivio.
Sabía que, con la velocidad a la que viajaban los chismes entre los empleados de Entretenimiento y Futuro S.L., pronto se difundiría el contenido de la apuesta entre ella y Jimena.
Para entonces, ya no tendría que preocuparse de que Jimena hiciera trampa.
Cuando Jimena subió y regresó a su propia oficina, Violeta ya había recibido la noticia.
Al empujar la puerta y entrar a la oficina de Jimena, su mirada estaba llena de curiosidad.
—Señorita Calvo, ¿de verdad aceptó?
Jimena asintió levemente.
—Ajá.
Su expresión era tranquila y no había mucha fluctuación en sus ojos, como si este asunto fuera solo una pequeñez insignificante.
Violeta chasqueó la lengua y dijo:
—Saliste perdiendo.
Al escuchar esto, Jimena levantó la cabeza para mirar a Violeta y preguntó:
—¿En qué salí perdiendo?
Violeta inmediatamente le hizo las cuentas a Jimena.
—Mira cuánto vale el señor Núñez y cuánto valor puede generar Regina en el acuerdo de la apuesta.
—Si te divorcias del señor Núñez, ¿cuánto pierdes y cuánto beneficio le puede traer Regina a la empresa?
—No importa cuánto valor le traiga Regina a la compañía, es de la compañía, no de tu propio bolsillo.
—Así que saliste perdiendo.
Jimena escuchó el análisis de Violeta, asintió y murmuró en voz baja:
—Dicho así, parece que sí perdí.
Violeta asintió frenéticamente.
—Por eso este acuerdo no se puede firmar.
Jimena arqueó una ceja y dijo con indiferencia:
—Pero la palabra de honor es sagrada.
Violeta replicó:
—Tú ni eres hombre, qué honor ni qué nada, eres mujer.

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Traición en Vísperas de la Boda
Me gustaría saber cuántos capítulos faltan y cuando los publicará...