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La Traición en Vísperas de la Boda romance Capítulo 1263

Las palabras que le faltaban por decir se le atoraron en la garganta. Miró a Jimena incrédula.

Tras oír su respuesta, Regina también se quedó pasmada y la soltó.

Jimena retomó su paso, sin detenerse ni un segundo más.

La amiga se volteó a verla marchar y frunció el ceño. Se le hacía muy sospechoso que hubiera aceptado tan fácilmente; para ella, aquello era una trampa y estaba engañando a Regina.

—Oye, Regina...

Con una ligera sonrisa en los labios, Regina miró a su compañera y le dijo.

—Vámonos, regresemos a mi cuarto.

Al ver la actitud de su amiga, quedó claro que le había creído todo a Jimena. Intentó decir algo, pero no encontró las palabras.

Sin embargo, Regina se adelantó y le dijo sonriendo.

—Si la señorita Calvo prometió que lo haría, estoy segura de que cumplirá. Confío en ella.

Al escucharla decir eso, la amiga prefirió tragarse sus comentarios. Supuso que Regina solo se estaba engañando a sí misma, y no le pareció adecuado quitarle la ilusión.

Por su parte, tras salir del hospital, Jimena no se dirigió a la residencial, sino que fue directamente a un restaurante de la ciudad.

Un cliente importante, que mantenía estrechas relaciones de negocios con el Grupo Calvo, estaba de visita por Santa Brisa junto con su esposa.

La esposa le había avisado de su llegada con anticipación, y Jimena se había ofrecido a ser su anfitriona durante la estadía.

En cuanto llegó al establecimiento, Jimena le dio la botella de vino que había traído al mesero para que la decantara, y se sentó a esperar.

Pasaron unos diez minutos. Vicente entró al salón privado acompañado por Almudena, su esposa.

Jimena se puso de pie al instante para saludarlos.

Almudena se acercó hacia Jimena con una enorme sonrisa y la envolvió en un cariñoso abrazo. —¡Desde que te mudaste a Santa Brisa ya ni te vemos! Siento que pasó como un año desde la última vez.

Jimena sonrió: —El buen vino está hecho para quien sabe apreciarlo, así es como realmente vale la pena.

Al decir eso, levantó su copa para chocarla levemente con las de Almudena y Vicente.

Almudena sonrió satisfecha, dio un pequeño sorbito de vino y reanudó su animada plática.

Encantada por reencontrarse con sus viejos amigos de San Miguel Antiguo después de tanto tiempo, esa noche Jimena terminó tomando un poco de más.

Y como Almudena no quería parar la fiesta, Jimena mandó al mesero a abrir una segunda botella de vino que también había llevado.

Para cuando la cena terminó, Almudena ya andaba bastante pasada de copas.

Al ser la más aficionada, fue quien tomó más alcohol entre los tres.

Por pura solidaridad, Jimena había accedido a tomarse otra copa más para no dejarla sola.

Luego de acompañar a la pareja hasta su auto, Jimena sacó el celular para llamar a su chofer, pero al encontrar el número guardado en la agenda, cambió de opinión a última hora y decidió llamarle a Federico.

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