La familia Núñez se había quedado sin un líder por el momento.
Durante estos años, Federico casi nunca se había involucrado en los negocios de Grupo Núñez.
Todos decían que la señora Núñez había malcriado a Federico a propósito, para evitar que el control absoluto de Grupo Núñez volviera a caer en manos de alguien con el apellido Núñez.
Sin embargo, Jimena no pensaba lo mismo.
En el pasado, cuando la señora Núñez y el difunto señor Núñez estaban ocupados expandiendo el negocio, quien más acompañaba a Federico era uno de sus tíos.
Y Federico era un hombre muy leal a los suyos.
Si él tomaba las riendas de Grupo Núñez, era muy probable que ese tío se convirtiera en quien moviera los hilos y diera las verdaderas órdenes desde las sombras.
Probablemente, la razón por la que Federico se negaba a involucrarse en los asuntos de la empresa durante todos estos años era precisamente esa.
La carga que la señora Núñez había llevado sobre sus hombros al ocupar ese puesto por tanto tiempo no era nada ligera.
No fue hasta la hora del almuerzo, cuando su asistente se acercó a avisarle, que la señora Núñez dejó de trabajar.
El asistente llevaba décadas trabajando para ella.
Al ver a Jimena acompañando a la señora Núñez mientras ambas revisaban los asuntos de la empresa, al asistente le pareció ver en la joven el reflejo de la mujer en sus años de juventud.
Fue entonces cuando comprendió por qué la señora Núñez valoraba tanto a la muchacha.
Más que recibir a una nuera, le había encontrado la sucesora ideal a Grupo Núñez.
Una sucesora exactamente igual a ella.
La señora Núñez dejó a un lado los documentos, miró a Jimena y le habló en tono suave.
—Hice una reservación en un restaurante cercano. Vamos a comer.
Jimena asintió, se levantó y siguió a la señora Núñez fuera de la oficina.
Ambas salieron al pasillo y llegaron frente a los elevadores.
Las puertas se abrieron. La señora Núñez estaba a punto de entrar cuando vio a Federico adentro, recargado perezosamente contra la pared del elevador, mirándolas con una ceja arqueada.
—¿A dónde van? —preguntó.
Se quejó de cómo, todos estos años, él solo se había dedicado a hacer tonterías sin importarle lo mucho que ella se esforzaba como madre.
Federico la escuchó en silencio, sin intentar defenderse.
Su mirada se clavó en la espalda de Jimena.
Desde que la chica había subido al elevador, ni siquiera lo había volteado a ver.
A Federico le invadió una sensación de amargura.
Al ver la mano de Jimena colgando a su costado, no lo pensó dos veces: estiró la suya y la entrelazó con ella.
Jimena sintió el tacto cálido de la mano de Federico y bajó la mirada para verla.
Su mirada se volvió un poco más seria, pero no lo rechazó; dejó que la sostuviera.
Mientras la señora Núñez hablaba, notó que su hijo no le quitaba los ojos de encima a la chica y que las mejillas de ella estaban ligeramente sonrojadas, así que dejó de regañarlo.
Sabía que, con Jimena en la empresa, era imposible que cierto joven no mordiera el anzuelo y tuviera la paciencia para seguir metido en Entretenimiento y Futuro S.L.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Traición en Vísperas de la Boda
Frederico junto com Regina no leilão novamente? Eu realmente não quero que a Jimena fique com o Frederico. Que homem mais ou menos!...
Esse professor Vicuña, é um velho sem nenhuma decência; por mais que o casamento fosse um contrato existia uma esposa! Irritada com esse velho nojento....
Nossa! Estou lendo com um nó na garganta. Quanta coisa Jimena está aguentando, e que homem horrível é esse Frederico… peguei ranço dele!...
Não entendo porque Jimena está tão benevolente com Regina. Espero sinceramente que essa Regina tenha um fim ruim…...
Garrada num ódio dessa Regina… quero que Jimena esmague ela com a ponta do sapato....
Me gustaría saber cuántos capítulos faltan y cuando los publicará...