Entrar Via

La Traición en Vísperas de la Boda romance Capítulo 1320

Al ver a Federico Núñez en ese estado, Violeta se sintió tan incómoda que no supo qué más decir.

Levantó la vista y miró a Jimena Calvo.

Jimena también posó su mirada en ella, luego levantó el brazo para ver su reloj y le dijo a Violeta con voz indiferente:

—Ve tú primero a la fábrica para reunirte con el encargado. Yo te alcanzo en cuanto termine de arreglar las cosas aquí.

Federico, que había permanecido en silencio, reaccionó al escuchar las palabras de Jimena. Su mirada se volvió aún más resentida.

Al notar esto, Violeta asintió con la cabeza y salió de la habitación de Federico por voluntad propia, asegurándose de cerrar la puerta con mucho cuidado.

Tras su partida, el ambiente en la habitación se volvió todavía más silencioso.

Jimena se quedó de pie junto a la cama y comentó en un tono monótono:

—Ya llamé a tu asistente Andrés. Viene en camino al Estado de Chavín.

—Ahorita que no te sientes bien, tener a alguien de confianza cuidándote te hará sentir mucho mejor.

Al escucharla, Federico sintió que se le atoraba un nudo de coraje en el pecho. La miró a los ojos y dijo con voz grave:

—Qué considerada eres, señorita Calvo.

Jimena no mostró ninguna reacción ante el evidente sarcasmo en las palabras de Federico. Solo le preguntó con toda calma:

—Estuve checando las medicinas que te recetó el doctor ahorita. Son un poco fuertes para el estómago, así que necesitas tomártelas después de comer.

—¿Qué se te antoja?

Al ver cómo cambiaba de tema tan rápido, Federico respiró hondo, con el pecho subiendo y bajando por la frustración.

—¿Acaso me vas a conseguir cualquier cosa que te pida?

Jimena respondió con la misma voz apagada:

—Mientras el señor Núñez no me esté pidiendo imposibles a propósito, supongo que sí.

—Quiero comer avena preparada por ti, ¿se puede? Supongo que no te estoy exigiendo demasiado, ¿o sí? —retó Federico.

Jimena se quedó en completo silencio.

Federico se recostó en la cama y se tapó con las sábanas.

Sin embargo, el personal se negó a dejarla entrar e ignoró su petición.

Aunque Jimena ofreció pagar y propuso que alguien del personal la supervisara todo el tiempo, se mantuvieron firmes en su negativa.

Nunca antes se había sentido así. Sabía perfectamente que ellos tenían que seguir sus reglas, pero aun así, rogaba internamente que hicieran una excepción.

Hizo todo lo posible por convencerlos.

Al final, gracias a su insistencia, el jefe de cocina aceptó que la usara.

Pero solo le permitieron ocupar la hornilla que estaba en el rincón más alejado.

Jimena les dio las gracias y entró a la cocina.

Media hora más tarde, subió con un plato de avena caliente.

Abrió la puerta de la habitación y entró.

Federico pensó que era una enfermera haciendo su ronda. Empezó a gritar en el dialecto local del Estado de Chavín, exigiéndole a la persona que se largara.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Traición en Vísperas de la Boda