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La Traición en Vísperas de la Boda romance Capítulo 1341

En el fondo de su corazón, probablemente Regina nunca había tenido la verdadera intención de soltar a Federico.

El maestro Vicuña dejó escapar un ligero suspiro; de pronto, las lecciones que estaba a punto de darle se le atoraron en la garganta y no supo cómo expresarlas.

Dada la condición actual de la joven, ya era bastante avance que hubiera recapacitado sobre su problema con los Serrano.

La actitud de Federico ya había sido tajante.

De ahora en adelante, de seguro mantendría su distancia con ella.

Ojalá que, con el tiempo, Regina lograra entender la realidad al ver ese trato distante.

Lo suyo ya era cosa del pasado y jamás volvería a suceder.

—Tú descansa bien. Ya me voy, pero márchame si necesitas cualquier cosa —dijo él finalmente.

—¿Se te antoja alguna sopa para mañana? Te la traigo.

Regina sonrió, llena de gratitud.

—Muchas gracias, maestro Vicuña. Siento mucho estar dándole tantas molestias últimamente.

—Ay, con lo viejo que estoy, traerles un poco de sopa es lo único que puedo hacer. Para otras cosas ya no sirvo —suspiró el hombre con una leve sonrisa.

Tras la partida del maestro Vicuña, Regina se quedó sola.

Acostada en la cama del hospital, observaba distraída cómo caían las hojas por la ventana.

Desde el incidente con su familia, había pasado bastante tiempo sin tener noticias de Federico.

Tenía unas ganas inmensas de llamarlo.

Pero, al mismo tiempo, le aterraba la idea de escuchar su tono indiferente.

Durante todos esos días, se aguantó las ganas a la fuerza para no buscarlo.

Pensó que tal vez primero ella misma debía cambiar.

Y solo después de haber cambiado por completo, lo contactaría de nuevo.

De ese modo, tendría mucho más valor para presentarse ante él.

Estaba tan sumida en sus reflexiones cuando de repente tocaron a la puerta.

Regina levantó la mirada hacia la entrada de la habitación.

Vio de pie en el umbral a una antigua compañera de la escuela con la que no hablaba desde hacía muchísimo tiempo.

Traía una caja de regalo en las manos y entró con una enorme sonrisa en el rostro.

—¡Regina! Supe que estabas enferma y tenía muchas ganas de venir a verte.

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