—Ya mandé a Benjamín a que saque el carro. Ven, bajemos despacio.
El alboroto que hizo Benjamín al bajar las escaleras despertó a Giselle. Al enterarse de lo que pasaba, la empleada subió de inmediato y empezó a empacar las últimas cosas en las maletas. Con su hermana a su lado, Petra se tranquilizó un poco. Le alcanzó a dar un par de indicaciones a Giselle sobre qué guardar antes de salir rumbo a la planta baja apoyada en Jimena.
Jimena la sostenía del brazo. Petra iba mordiéndose el labio y, aunque por dentro se la comían los nervios, se esforzaba por mantener una expresión de valentía.
Ya en el coche, Benjamín hizo todo lo posible por calmar sus nervios y manejó con muchísima precaución todo el trayecto. Apenas pisaron el hospital, el doctor revisó a Petra y la ingresó directamente a la sala de parto.
Como Benjamín había pedido autorización para entrar con ella, Jimena tuvo que quedarse esperando afuera. El hospital le había asignado a su hermana una habitación privada bastante amplia.
Así que ella y Giselle se encargaron de llevar la pañalera y el resto de las cosas del bebé a ese cuarto. Mientras acomodaban todo, Jimena daba vueltas y se asomaba cada cinco minutos a la puerta de la sala de parto.
Y aunque intentaba que no se le notara el estrés, Giselle no tardó en darse cuenta de la angustia que sentía, así que se acercó y le dijo suavemente:
—Señorita, esto apenas empieza. Los primeros bebés siempre tardan más en nacer. La señorita Petra ya está adentro, pero a lo mejor el niño no nace hasta mañana. Vaya a descansar a su cuarto; yo me quedo aquí de guardia y le marco enseguida en cuanto llore el niño.
Pero Jimena sacudió la cabeza y respondió con tono firme:
—No pasa nada, yo me quedo a esperar.
Si no contaba al bebé que llevaba en su vientre, Petra era la única familia verdadera que le quedaba en el mundo. Así que tenía que quedarse montando guardia pasara lo que pasara.
—Además —añadió—, me sirve de práctica. Entre más vea y escuche hoy, menos miedo me va a dar cuando me toque a mí.
—Sí. La metieron a la sala de parto hace como media hora.
—¡Perfecto, me arranco para allá enseguida! —le aseguró Belinda.
Al oír su prisa, Jimena intentó calmarla:
—Va a ser parto natural. El doctor nos dijo que el proceso será largo porque es primeriza. Puedes venir más tarde para que no tengas que estar esperando aquí tantas horas y tu bebé te extrañe.
Desde que Belinda había regresado a México, quizá por el cambio brusco de ambiente, su bebé se había vuelto un tanto inseguro y rompía en llanto en el segundo que despertaba y no veía a su mamá. Aunque la familia de Belinda le había contratado a un montón de niñeras especializadas, nadie lograba controlar los berrinches del niño. Sumado a eso, Belinda era muy apegada y prefería hacer ella misma casi todo lo que tenía que ver con su pequeño.
Ver lo demandante que era el hijo de su amiga le había generado a Jimena cierta preocupación sobre si su propio bebé iba a sufrir del mismo problema de inseguridad al nacer. Después de todo, el niño iba a venir al mundo y crecer durante todos esos meses de embarazo sin siquiera escuchar la voz de su padre.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Traición en Vísperas de la Boda
No es gratis!!!...
Frederico junto com Regina no leilão novamente? Eu realmente não quero que a Jimena fique com o Frederico. Que homem mais ou menos!...
Esse professor Vicuña, é um velho sem nenhuma decência; por mais que o casamento fosse um contrato existia uma esposa! Irritada com esse velho nojento....
Nossa! Estou lendo com um nó na garganta. Quanta coisa Jimena está aguentando, e que homem horrível é esse Frederico… peguei ranço dele!...
Não entendo porque Jimena está tão benevolente com Regina. Espero sinceramente que essa Regina tenha um fim ruim…...
Garrada num ódio dessa Regina… quero que Jimena esmague ela com a ponta do sapato....
Me gustaría saber cuántos capítulos faltan y cuando los publicará...