Ya en su cama, Jimena no aguantó la tentación y agarró su celular para checar la pantalla. El chat con Federico seguía exactamente igual: su último mensaje había sido del día en que él voló al Estado de Chavín, y desde entonces no había recibido ninguna respuesta de su parte.
Abrió la conversación, le dio un vistazo rápido y luego la volvió a ocultar. Últimamente, cada que le ganaban las ganas, terminaba revisando ese historial. Y siempre que veía ese vacío del otro lado, recobraba la razón en un instante. Era la prueba irrefutable de que Federico había decidido marcar su distancia para siempre.
Durante esos días, la señora Núñez la había llamado un par de veces. Al principio le platicaba de Federico y de cómo le estaba yendo en el extranjero, pero con el tiempo dejó de mencionarlo. Federico se había esfumado de su vida, como si jamás hubiera existido.
Si la memoria no le fallaba, la última vez que supo de él fue hace como un mes. La señora Núñez le contó que Federico había cerrado un trato gigante en el Estado de Chavín. Ahora, bajo su liderazgo, las ventas de esa sucursal estaban por los cielos, rompiendo récord tras récord.
¿Y cómo se lo había dicho la señora Núñez? Le había dado las gracias. Le dijo que, de no ser por ella, Federico jamás se habría metido de lleno en el trabajo de esa forma.
La señora Núñez estaba feliz con los resultados. Si al principio quiso que él se casara con Jimena, fue justo para que Federico tuviera un ejemplo de lo que es la responsabilidad. Ahora que él estaba cumpliendo con todas sus expectativas, no cabía duda de que la señora estaba más que satisfecha.
En el fondo, Jimena también estaba satisfecha. El problema era que, a veces, en la soledad de la madrugada, los sentimientos la traicionaban. Supuso que todo era culpa de las hormonas del embarazo, que le alborotaban la cabeza con pensamientos inútiles. Al final del día, su situación actual no era muy distinta a la que tenía cuando decidió irse a Santa Brisa.
Federico tenía buenos genes. Quedarse con el bebé y olvidarse del padre le parecía un trato justo. Jimena se masajeó el puente de la nariz, guardó el celular, se acomodó entre las sábanas y se obligó a sí misma a dormir.
A la mañana siguiente, el sonido de unos fuertes golpes en su puerta la despertó de golpe. Era Benjamín, que tocaba con una urgencia desesperada.
Jimena salió de inmediato. Benjamín estaba de pie frente a su cuarto, pálido como un fantasma y tartamudeando:
—Petra… Petra está sangrando.
Jimena frunció el ceño alarmada y corrió de inmediato hacia el cuarto de su hermana mientras preguntaba:
—¿Se cayó?
Benjamín negó con la cabeza y le explicó:

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Traición en Vísperas de la Boda
Frederico junto com Regina no leilão novamente? Eu realmente não quero que a Jimena fique com o Frederico. Que homem mais ou menos!...
Esse professor Vicuña, é um velho sem nenhuma decência; por mais que o casamento fosse um contrato existia uma esposa! Irritada com esse velho nojento....
Nossa! Estou lendo com um nó na garganta. Quanta coisa Jimena está aguentando, e que homem horrível é esse Frederico… peguei ranço dele!...
Não entendo porque Jimena está tão benevolente com Regina. Espero sinceramente que essa Regina tenha um fim ruim…...
Garrada num ódio dessa Regina… quero que Jimena esmague ela com a ponta do sapato....
Me gustaría saber cuántos capítulos faltan y cuando los publicará...