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La Traición en Vísperas de la Boda romance Capítulo 1452

En la sala de partos. Petra estaba acostada en la cama, y Benjamín permanecía a su lado en todo momento. Le apretaba la mano con fuerza, con una expresión de profunda preocupación en el rostro. Le hubiera encantado tener el poder de cambiar de lugar con ella para sufrir esos dolores en su lugar.

Después de un par de rondas de contracciones, Petra ya no tenía ganas de soltar una sola palabra. El dolor que le atravesaba el vientre iba y venía, exprimiéndole hasta el último rastro de energía.

—Petra, ¿te duele mucho? Si ya no aguantas, pedimos que te hagan cesárea —le suplicó él.

Petra abrió los ojos pesadamente, miró a su esposo y apenas logró articular:

—Si me hacen eso ahorita... voy a terminar sufriendo las dos cosas. No te preocupes, yo creo que sí aguanto.

En ese instante se acercó la enfermera. Al escuchar la conversación, revisó la dilatación de Petra y los tranquilizó:

—No se preocupe, señora Calvo, el parto natural va por excelente camino. Ya tiene seis centímetros de dilatación, así que el bebé nacerá en unas cuantas horas.

A Benjamín se le partía el corazón de verla así. Se dedicó a secarle el sudor de la frente mientras le sacaba plática para ver si lograba distraerla un poco del sufrimiento.

De pronto, a Petra le cruzó el rostro de Jimena por la cabeza y preguntó:

—¿Y mi hermana? ¿Ya se fue a descansar?

Benjamín negó con la cabeza y le explicó:

—Sigue allá afuera haciendo guardia.

Al escuchar eso, Petra se angustió y le pidió:

—¡Pero la enfermera dice que esto va para largo! Dile que por favor se vaya a su casa a dormir. ¡Ya se le empieza a notar el embarazo y trae todo el estrés de la empresa encima! ¡Si no descansa bien, va a acabar en el hospital ella también!

Benjamín asintió y la calmó en voz baja:

—Está bien, ahorita mismo salgo a decirle.

Él salió de la habitación de inmediato. Al verlo aparecer, Jimena corrió hacia él y le preguntó:

Con esa confirmación, Petra pudo respirar un poco más tranquila. Sin embargo, sus ojos se llenaron de lágrimas y murmuró:

—Oye... cuando a mi hermana le toque su turno... quiero preguntarle a los doctores si me van a dejar entrar a estar con ella.

En esos poquitos minutos que Benjamín había salido de la habitación, ella se había quedado sola mirando el techo, invadida por una profunda ola de terror. Y eso la hizo pensar inmediatamente en Jimena. A su hermana le había tocado pasar todo su embarazo en soledad: iba sola a los ultrasonidos, hacía sola sus vueltas... le aterraba pensar en el miedo que iba a sentir si nadie estaba a su lado agarrándole la mano durante el parto. Enfrentar ese sufrimiento sin compañía le parecía una de las peores torturas.

Benjamín le limpió con cuidado una lágrima que escurría por su mejilla y prometió:

—En cuanto nazca nuestro bebé, yo me encargo de preguntarle a los médicos, ¿te parece?

—Me lo juras que no se te va a olvidar —insistió Petra.

Benjamín asintió y la tranquilizó con ternura:

—Si tú me lo pides, ¿cómo crees que se me va a pasar? Al final del día, también es mi familia, es tu hermana... y la tía de nuestro hijo.

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