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La última lágrima de la esposa fea romance Capítulo 576

¿De verdad él tampoco se pudo controlar en esa ocasión?

Tras un breve silencio, y al darse cuenta de que él no intentaría sobrepasarse, Esmeralda logró calmarse.

—Qué necesidad de torturarte así —comentó.

—Si no me dejas tocarte, no me queda de otra —respondió David.

—Seguro hay alguien más dispuesta a ayudarte con ese problema.

—Yo no me quiero divorciar.

Mientras hablaba, le tomó el rostro con las manos y le dio un beso en la comisura de los labios. Su aliento ardiente chocó contra el cuello de ella.

—Asegúrate de que nadie entre —le susurró con voz ronca y seductora.

David la soltó. Miró el rostro tenso de la mujer, esbozó una sonrisa y se dirigió hacia el baño.

Esmeralda se quedó parada en el mismo lugar.

Después de lo que pareció una eternidad, escuchó el ruido del agua de la regadera. Dejó escapar un largo suspiro.

En ese momento, tocaron a la puerta.

Esmeralda dio un respingo por el susto. Trató de recuperar la compostura, se acercó a abrir y se encontró con un empleado de la casa que traía un cambio de ropa para hombre.

—Le traigo ropa limpia al señor Montes.

Esmeralda observó al empleado y recibió las prendas.

—¿Se le ofrece algo más al señor Montes? —preguntó el muchacho.

—No, eso es todo.

El empleado asintió y se retiró.

Esmeralda cerró la puerta con llave, regresó a la habitación y dejó la ropa sobre la cama. Miró hacia el baño y recordó que acababa de cruzarse con Noelia.

—Pues descansa —le dijo Esmeralda mientras se daba la media vuelta.

Sin embargo, él la tomó de la muñeca y le suplicó con voz ronca:

—Quédate un rato más conmigo.

Ella volteó y se encontró con esos ojos oscuros e insondables. Tenía el pecho semicubierto por la bata abierta, dándole un aire descarado y peligroso que resaltaba aún más sus facciones perfectas. A Esmeralda se le ensombreció la mirada.

—David...

—¿Mmh? —El murmullo salió profundo de su garganta.

Ella se le quedó viendo.

—Salgamos en un rato más —añadió David—. No quiero que piensen que soy de los que terminan rápido.

Al escuchar eso, Esmeralda se quedó pasmada un segundo, pero de inmediato entendió a qué se refería. Era obvio que a los hombres les importaba muchísimo lo que otros opinaran de su desempeño en la cama, sobre todo entre ellos mismos. David no era la excepción.

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