Esmeralda se sentó del otro lado de la cama.
—Es increíble que se atrevieran a echarte algo en la bebida enfrente de todos y que encima hayas caído tan fácil. Al final resultaste ser un blanco fácil.
David volteó a verla y, con un tono burlón, respondió:
—Pues sí. Por eso deberías quedarte pegada a mí para cuidarme.
Esmeralda entrecerró los ojos. De pronto tuvo un mal presentimiento. Al repasar lo sucedido, le dio la impresión de que él lo había hecho a propósito.
Tras un momento de silencio, soltó:
—De verdad que eres muy calculador.
De repente empezó a dudar si él también había fingido la primera vez, hacía cinco años. Pero pensándolo bien, eso era imposible. Después de aquella noche, David había demostrado un repudio total hacia ella. Incluso en la oficina, siempre mantenía una actitud rígida y distante.
David simplemente sonrió. Clavó la mirada en la ropa limpia que estaba a un lado.
—Ayúdame a cambiarme.
Esmeralda desvió la mirada, ignorándolo por completo.
David no se molestó. Agarró la camisa y el pantalón y se dispuso a desatar el nudo de su bata.
Al notar lo que estaba haciendo, Esmeralda se alarmó.
—¿Qué haces?
Él ya se había aflojado tanto el cinto de la bata que parecía que en cualquier momento se le caería al piso. Tenía todo el pecho descubierto, mostrando sus músculos marcados y dejando ver parte de sus largas piernas.
—Si no me vas a ayudar, lo tengo que hacer yo —argumentó David.
—¿Y no sabes cambiarte en el baño? —le espetó ella.
David arqueó una ceja, coqueto.
—Somos marido y mujer, ¿a qué le tienes miedo?


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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La última lágrima de la esposa fea
Cuando continúan con el resto de la historia increíble que lo dejen a uno así....
Cuando la se actualiza?...
Me tiene la trama Encantada es un a lástima q cobren para poder seguir en la trama es una delas pocas novelas q tiene diferentes trama no hay mujer sumisa espero poder seguir gracias...