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La última lágrima de la esposa fea romance Capítulo 596

—Sí, está arriba acompañando a Isa.

Padre e hijo platicaron un rato.

Enzo se despidió de Manolo y se preparó para irse.

Manolo habló de pronto:

—Enzo, ¿cuándo planeas decirle a tu hermana?

Bajo la tenue luz, la mirada del hombre reflejaba una profunda soledad. Enzo apretó los labios y respondió:

—¡Esperaré a que sea el momento adecuado! Por ahora, te pido que me guardes el secreto, papá.

Manolo suspiró.

—Sé muy bien que no hiciste nada de eso a propósito.

Un nudo en la garganta asfixió a Enzo por un instante. Reprimiendo la avalancha de emociones, logró articular:

—Gracias, papá. Con que me digas eso es más que suficiente.

—¿Te quedarás en San Pedro a pasar el Año Nuevo?

Enzo asintió con un «Mhm».

—Me parece bien —comentó Manolo.

Enzo subió a su coche y arrancó.

En ese momento, el coche de Álvaro se acercó lentamente. Enzo cruzó miradas con él por un segundo antes de desviar la vista y seguir su camino.

Álvaro detuvo el auto, bajó la ventanilla y se dirigió a Manolo:

—Manolo.

Manolo asintió a modo de saludo.

—Ándale, mete el coche. Tu mamá te preparó tu comida favorita.

Álvaro asintió. No hizo más preguntas y manejó hacia el estacionamiento subterráneo. Manolo dio media vuelta y entró a la villa.

A través del espejo retrovisor del Bentley en movimiento, Enzo captó la mirada paternal de Manolo. El coche de Álvaro desapareció al entrar en la villa, perdiéndose en una curva.

De repente, Enzo frenó de golpe. Su figura entera quedó sumida en las sombras, envuelto en una inmensa desolación.

Se quedó así un buen rato.

Una vez que logró calmarse, Enzo pisó el acelerador y se marchó.

El coche se detuvo en el estacionamiento de un club bastante exclusivo.

Llegó hasta un cuarto privado y entró.

Al verlo, David colgó el celular y tomó una botella para servirle una copa de vino tinto.

Enzo se acercó, se dejó caer en el sillón, tomó la copa y le dio un buen trago antes de preguntar:

El celular comenzó a vibrar.

Era el de Enzo. Lo miró un segundo, lo hizo a un lado y lo ignoró por completo.

David alcanzó a ver la pantalla; era Inés Catalán. El teléfono sonó hasta que la llamada se cortó sola.

—¿Qué planes tienes para las vacaciones? —preguntó Enzo.

—¿Qué te parece si vamos a las carreras mañana? —sugirió David.

—Esme se llevó a Isa a Costa Niebla, ya nadie te controla por lo visto.

David le dio un trago a su vino, sonrió levemente y no respondió a eso.

—¿No vas a regresar a tu casa por Año Nuevo?

—No hay nada a qué regresar.

David no insistió con el tema.

Durante el rato que estuvieron ahí, David recibió otra llamada de Isa, dándole más indicaciones que él no tuvo más remedio que aceptar.

Esa misma noche, Inés llamó a Enzo varias veces, pero él no contestó ninguna.

Para algunos, esa sería una noche de total insomnio.

A la mañana siguiente, a las nueve en punto, Álvaro llevó en coche a Esmeralda y a Isa al aeropuerto.

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