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La última lágrima de la esposa fea romance Capítulo 597

Tres horas después.

El grupo llegó al aeropuerto internacional. Al salir por la zona ejecutiva, un coche ya las esperaba.

En cuanto pisaron fuera del aeropuerto, sintieron el golpe de calor.

Se subieron al coche.

El personal del aeropuerto se encargó de guardar las maletas en la cajuela.

El coche arrancó despacio hasta llegar a una villa con vista al mar en Playa del Faro. La propiedad estaba a nombre de Gabriel; tanto el personal de limpieza como el chef privado ya estaban listos.

Tras varias horas de vuelo y el trayecto en coche, las dos niñas ya estaban agotadas.

Después de comer, Esmeralda se las llevó a la habitación para que descansaran.

Ella, por el contrario, no tenía nada de sueño, y Abril tampoco; de hecho, estaba llenísima de energía.

—¡Esme, apúrate a cambiarte, nos vamos a la playa!

Esmeralda se puso un bikini morado de dos piezas, sin tirantes, con un pareo atado a la cintura y el cabello recogido.

En cuanto Abril la vio, se quedó con los ojos cuadrados. Aunque no era la primera vez que veía a Esme en traje de baño, habían pasado dos años desde la última vez. Verla ahora era aún más cautivador que antes.

Su piel clara tenía un ligero tono sonrosado; su figura, con esa cintura diminuta y esas piernas largas y estilizadas, desbordaba perfección. Su rostro hermoso proyectaba un aura de madurez y sensualidad en su máxima expresión.

Con solo quedarse ahí parada, irradiaba un encanto magnético difícil de explicar.

La mirada de Abril se clavó en su escote. De pronto, se sonrojó sin querer; tal vez, después de todo, no le gustaban tanto los hombres.

Al ver que Abril seguía paralizada, Esmeralda se acercó y le dio un golpecito en la cabeza.

—¿Qué tanto miras?

Abril reaccionó y se abalanzó a abrazarla, hundiendo la cara en su pecho. Olía delicioso y estaba suavecito. Mostrando los dientes en una enorme sonrisa, soltó:

—Ay, Esme, a veces no hay que cerrarse tanto con los géneros. ¿Cómo me ves? ¡Anímate!

Esmeralda la apartó con las manos.

—Si sigues así, te voy a demandar por acoso.

—Bueno, ya que me llamas acosadora, mejor aprovecho para manosearte otro poquito —dijo Abril, intentando agarrarla de la cintura.

Esmeralda dio un paso largo y la esquivó, pero Abril no se daba por vencida.

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