Se quedaron en la playa hasta que el sol desapareció por completo.
Luego, regresaron a la villa con las niñas.
Esmeralda llevó a Isa a bañarse y le puso ropa limpia. Las cuatro se sentaron en la terraza a disfrutar de una carnita asada mientras sentían la brisa del mar.
En ese instante, cualquier estrés o cansancio dejó de importar.
Ya con el estómago lleno, se acomodaron en la sala para ver un rato la televisión.
De pronto, Isa miró a su mamá:
—Mamá, quiero hablar un ratito por teléfono con papá.
Esmeralda asintió con un sonido afirmativo.
—Ve.
Isa se fue a su cuarto, sacó su reloj inteligente y, justo en ese momento, David le regresó la llamada.
—Papá.
—¿Se divirtió Isa el día de hoy?
—¡Muchísimo! Oye, papá, hoy mamá se veía guapísima, ¿no quieres venir a verla?
Ante tal comentario, David se quedó en un silencio incómodo sin saber qué responder.
Padre e hija platicaron unos quince minutos.
Eran cerca de las nueve de la noche. Agotadas por todo lo que jugaron, las niñas cayeron rendidas en cuanto tocaron la cama.
Abril terminó de editar las fotos del día y le mandó una copia a Esmeralda. Luego, subió una galería de nueve fotos a su Instagram. Tres eran fotos individuales de Esmeralda, tres de las niñas, una del paisaje, una de la cena y la última era una selfie de ambas, donde Abril salía recargada en el hombro de Esmeralda con cara de absoluta relajación.
Al ver la publicación, Esmeralda giró la cabeza para mirarla y no pudo evitar soltar una carcajada.
—A ver, ¿este es tu Instagram o el mío?
Abril se rio.
—Ay, es que quería presumir un poco, ¿qué tiene de malo?
Esmeralda meneó la cabeza, resignada.
En cuanto la publicación estuvo en línea, los «Me gusta» y los comentarios empezaron a llover.
Camilo: ¿Quién es esta belleza? ¿Me la presentas, Abril?
Paula: Señor Arriaga, ¿le cortaron la luz en su casa? Acuérdese de pagar el recibo.
A la mañana siguiente.
Esmeralda estaba revisando su celular cuando, entre los «Me gusta» de su foto de Instagram, notó un nombre que no encajaba para nada: David.
Apenas se dio cuenta de que nunca lo bloqueó.
Pero bueno, tampoco le dio mucha importancia.
Se levantó a ayudar a Isa a arreglarse.
Al mismo tiempo.
Mansión Montes.
David estacionó despacio en el patio. Al entrar a la casa, vio que había visitas en la sala. No era cualquier persona; se trataba del señor Lozano y su esposa.
El escándalo de los últimos dos días había escalado demasiado. No lograron controlar la situación y las acciones de su empresa cayeron en picada. El asunto ya estaba totalmente fuera de sus manos, y las autoridades incluso habían iniciado una investigación formal.
Lozano no entendía cómo un forastero como Enzo, que no era de San Pedro, podía tener tanto poder. Era obvio que alguien importante le estaba abriendo el camino desde las sombras.
Como no podían comunicarse con Enzo por ningún lado, su única opción fue buscar a la familia Montes.
—David, ya llegaste —dijo doña Antonella.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La última lágrima de la esposa fea
Hola! Los capítulos 490 en adelante están incompletos Gracias x tus esfuerzos x traducir las novelas. Excelente trabajo...
Cuando continúan con el resto de la historia increíble que lo dejen a uno así....
Cuando la se actualiza?...
Me tiene la trama Encantada es un a lástima q cobren para poder seguir en la trama es una delas pocas novelas q tiene diferentes trama no hay mujer sumisa espero poder seguir gracias...