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La última lágrima de la esposa fea romance Capítulo 600

Por lo tanto, la ruina de la familia Lozano no fue un ataque impulsivo para defender el honor de nadie, sino una jugada sumamente premeditada. Lo único que hizo Enzo fue adelantar las piezas del tablero, asegurándose de arruinarles por completo el Año Nuevo.

Justo en ese momento, Jorge Montes regresó a casa.

Él ya estaba al tanto de todo el colapso de los Lozano. Se acercó a doña Antonella y a Marisa para dejarles el panorama muy claro: el gobierno quería limpiar el sector de esa familia, necesitaban sangre nueva en la economía y ya no podían permitir que esa bola de corruptos acaparara el mercado sin aportar nada de valor.

—Si cooperan con la investigación y asumen los costos de indemnización, tal vez logren salvar algo de su empresa. Aceptar sus pérdidas para salvar el pellejo es la única salida que les queda. Así que, mamá, nosotros no tenemos nada que hacer ahí. Que los Lozano asuman las consecuencias; si quieres, dales un consejo amistoso y ya —explicó Jorge.

Solo entonces, doña Antonella y Marisa entendieron que David no tuvo nada que ver en el asalto a la empresa.

—Entonces… ¿de verdad fue Enzo quien salió a defender a Esmeralda por su cuenta? —preguntó Marisa, frunciendo el ceño. Al fin y al cabo, el pleito había iniciado por el altercado con Esmeralda.

—Mamá, no te metas en sus asuntos —le advirtió David.

Marisa se quedó con cara de pocos amigos. Fuera por lo que fuera, le tenía cada vez más tirria a Esmeralda; no la soportaba. Solo de pensar que David seguía frecuentándola, se le revolvía el estómago del coraje y hasta perdía el sueño.

—Como sea, sigo pensando que esa mujer no trae buenas intenciones.

David se quedó a comer en la Mansión Montes.

Antes de que se fuera, doña Antonella lo detuvo para hablarle con un tono de sincera preocupación.

—David... piénsalo muy bien respecto a Esmeralda. No dejes que esto llegue demasiado lejos. El corazón es lo más difícil de controlar.

Su nieto siempre había sido un hombre extremadamente frío y racional, rozando la insensibilidad. Jamás mostraba un interés emocional fuerte por quienes lo rodeaban.

Pero todo extremo tiene su lado opuesto.

Alguien tan carente de sentimientos, una vez que desarrolla un apego hacia una persona o una situación, se vuelve desmedidamente intenso, a un punto incontrolable.

El evidente cariño que le tenía a Isa era la prueba de que no era de piedra.

Por fuera, David parecía el mismo de siempre, pero en el fondo, había algo en su actitud que lograba inquietarla.

—Lo sé, abuela. Sé lo que hago.

Doña Antonella no insistió más.

David arrancó su coche y dejó la propiedad.

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