David dejó el celular a un lado, extendió la mano para tomar la copa de vino tinto que tenía enfrente y se la bebió de un solo trago.
Estaba sentado en el sillón de la sala.
Toda la casa se sentía especialmente fría y solitaria.
Esmeralda no había ido al antro con Abril esa noche; se había quedado en la habitación acompañando a Isa para arrullarla.
Isa se apoyaba en el pecho de su mamá, con los ojos rojitos y una carita de lástima y desconsuelo.
—Mami, no te pelees con mi papi, ¿sí? —murmuró Isa haciendo un puchero.
Esmeralda le dio unas suaves palmadas en la espalda y le explicó en voz baja:
—Isa, en la escuela también hay problemas con los amiguitos. El mundo de los adultos es más complicado, es normal que haya conflictos y peleas.
—Pero nosotros nos contentamos rápido —dijo Isa—. Mi papi y tú también tienen que contentarse rápido.
—Isa, primero vamos a divertirnos mucho aquí, ¿te parece? —le dijo Esmeralda—. Cualquier cosa que pase, la platicaremos cuando regresemos.
Isa se quedó en silencio, sin saber qué más decir.
A Esmeralda le costó bastante trabajo, pero al final logró arrullar a Isa hasta que se quedó dormida.
Durante esos dos días.
Lidia había estado acompañando a Isa, Esmeralda le daba gusto en todo, y la niña no había vuelto a hacer berrinche.
Esa noche.
Después de dormir a Isa, Esmeralda se fue a un bar con Abril.
Al mismo tiempo.
Al otro lado del océano.
En una cena de gala a bordo de un crucero de lujo.
El majestuoso salón de eventos parecía un palacio espectacular. Los invitados vestían trajes de alta costura, mientras una orquesta de talla mundial interpretaba melodías elegantes. El ambiente estaba impregnado del intenso aroma a alcohol, creando una atmósfera embriagadora e irreal. Todos parecían sumergidos en ese sueño de lujos excesivos, disfrutando al máximo hasta olvidarse de sí mismos.
De repente.
Se escuchó un estallido sordo cuando un globo en el techo reventó, desatando una lluvia de billetes de dólares que caían como un aguacero.
Gritos y exclamaciones resonaron de inmediato por todo el salón, llevando el ambiente de la fiesta a su punto más alto.
En un rincón apartado del salón.
Gavin la tomó por la cintura de forma entusiasta.
—Ven, tomemos un trago.
Gavin brindó con la chica, quien luego le dio un beso en la mejilla antes de alejarse muy satisfecha.
Gavin miró a David, se acercó a él y tomó asiento a su lado. Al ver su expresión inescrutable, bromeó:
—¿Qué mosca te picó?
David no le siguió el juego y preguntó con voz grave:
—¿Cuánto dinero tiraste?
—Solo un par de millones de dólares —respondió Gavin con una sonrisa despreocupada.
—¿No falta poco para que celebres el año nuevo? ¿Qué haces aquí conmigo? —le preguntó Gavin.
—¿Acaso no fuiste tú el que me invitó? —replicó David.
Gavin soltó una carcajada.
—Solo te lo propuse por decir algo, no creí que te lo tomarías en serio —dijo, y luego añadió—: ¡Pensé que ya habías dejado el cigarro! ¿Por qué estás fumando otra vez? ¿Mal de amores?

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La última lágrima de la esposa fea
Hola! Los capítulos 490 en adelante están incompletos Gracias x tus esfuerzos x traducir las novelas. Excelente trabajo...
Cuando continúan con el resto de la historia increíble que lo dejen a uno así....
Cuando la se actualiza?...
Me tiene la trama Encantada es un a lástima q cobren para poder seguir en la trama es una delas pocas novelas q tiene diferentes trama no hay mujer sumisa espero poder seguir gracias...