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La última lágrima de la esposa fea romance Capítulo 602

David mantuvo un semblante frío, extendió la mano para apagar la colilla y lo ignoró por completo.

Luego cambiaron de tema para hablar de Romeo Fierro.

Tras la crisis que sufrió la familia Fierro el año pasado, se podría decir que todavía no se habían recuperado del todo. Romeo seguía resolviendo problemas internos, pero demostró ser un tipo astuto al aprovechar la oportunidad para apoderarse de las acciones mayoritarias de varias empresas.

Y ahora ya se había librado del periodo de supervisión.

—Ese Romeo es un hombre bastante rencoroso —comentó Gavin.

A David, sin embargo, eso lo tenía sin cuidado.

En ese momento.

El celular de David comenzó a vibrar.

Lo agarró y vio que era un video enviado por un número desconocido. En la imagen previa, bajo una iluminación tenue, se distinguía claramente la silueta de alguien bailando de forma muy provocativa en un escenario.

David reprodujo el video. La música a todo volumen resultaba ensordecedora. Sobre el escenario, una figura alta y esbelta lucía unos shorts negros que resaltaban sus largas y bien torneadas piernas, junto a un top ajustado tipo corsé, con el cabello suelto al aire.

Estaba bailando pole dance al ritmo de la música. En su mirada no había una coquetería vulgar, sino una sonrisa brillante y llena de seguridad. Parecía que su cuerpo y su alma se habían liberado por completo, irradiando una belleza salvaje y ardiente.

El video duraba apenas treinta segundos. Al terminar, la imagen se congeló justo en la radiante sonrisa de la mujer; las luces de colores se reflejaban en sus ojos, dándole un toque irresistiblemente seductor.

En las tomas del público que se alcanzaban a ver, las miradas que los hombres dirigían a la mujer en el escenario estaban llenas de un deseo y una codicia que no podían ocultar.

Gavin notó que David no despegaba la vista del teléfono. Al ver que su rostro se mantenía inexpresivo y sombrío, preguntó con curiosidad:

—¿Qué estás viendo?

David guardó el celular y respondió con frialdad:

—Nada.

Gavin lo observó fijamente. Aunque David no había cambiado su expresión en ningún momento, él sí pudo percibir cómo el ambiente a su alrededor se volvía de repente muy tenso.

—¿Y ahora en qué quedaron Evelynn y tú? —preguntó Gavin.

David le lanzó una mirada de soslayo.

—¿Qué, todavía te interesa?

Pero fueron rápidamente interceptados por unos corpulentos guardaespaldas. Alrededor de ellas había tres escoltas vigilando en todo momento para evitar que alguien las molestara.

Esmeralda se bebió la copa de golpe; sentía cómo la sangre le hervía en las venas. El subidón de dopamina la mantenía tan emocionada que era fácil perder la razón.

Se recargó en el sillón y soltó un largo suspiro.

Abril se recostó a su lado.

—Te juro que con esa actitud traes a cualquier hombre comiendo de tu mano. Si tú dieras el primer paso, ¡hasta el corazón se arrancarían para dártelo!

Esmeralda soltó una carcajada y le dio un trago más a su copa.

—Si tan solo yo hubiera tenido la mitad de tu fuerza de voluntad en el pasado… —se lamentó Abril con un suspiro.

Para poder cambiar por completo, además de ir al gimnasio, Esmeralda había tomado clases de baile para moldear su figura. Solo ella sabía cuánto sudor y esfuerzo le había costado llegar hasta donde estaba.

—¡Nunca es tarde para empezar! —la animó Esmeralda con una sonrisa.

Abril estaba a punto de decir algo cuando sintió vibrar su celular; al revisar la pantalla, vio que era una llamada de Gabriel.

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