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LA VILLANA QUE HUYÓ DE SU FINAL romance Capítulo 10

Recordó el terror que sintió parada sola frente a la fuente, buscando a su mamá sin éxito.

Recordó a aquella anciana que le sonrió diciendo que la llevaría a buscarla, para luego taparle la boca, arrastrarla a un baño sucio y oscuro, y cortarle el cabello con unas tijeras, amenazando con matarla si se atrevía a llorar.

Y después...

Al abrir los ojos, vio a su mamá, con los ojos brillando como estrellas.

Su mamá era tan suave, le daba besos, le acariciaba la espalda y le cantaba canciones de cuna con ternura.

Pero entonces, la imagen en su mente cambió y apareció esa mamá furiosa.

—¡No te alejes! ¡Si te pierdes, vendrá el lobo y te comerá!

—¡Buaaaa!

Silvia estalló en llanto a todo pulmón.

—¿Qué pasó? ¿Qué tienes, Silvia?

La puerta se abrió de golpe y Clara entró corriendo. Llevaba puesta ropa cómoda y su cabello mojado aún goteaba.

Con el rostro lleno de pánico, Clara la levantó en brazos y le dio palmadas suaves en la espalda.

—Mi amor, ¿qué pasa?

—Mmm... mmm...

Silvia lloraba a moco tendido, negando con la cabeza sin poder hablar.

Clara no se desesperó. Se sentó en la alfombra y comenzó a mecerla despacito.

—Entonces lloraremos solo un ratito, ¿sí?

Andrés miraba la escena con la boca abierta.

En el pasado, esa mala mujer siempre ponía cara de fastidio cuando los escuchaba llorar: ¡Ay, ya van a empezar a llorar, qué molestos son!.

O simplemente le gritaba a la niñera que se los llevara.

¿Cómo es que había cambiado tanto?

¿Qué nuevo truco estaba planeando?

En la oficina del presidente de la empresa.

El teléfono sonó y Vicente contestó.

Era Paulina.

—Vicente, ¿cómo está Silvia? Debe estar muy asustada, ¿verdad? Le compré muchas cosas...

Paulina seguía hablando.

Vicente miró distraídamente la hora en la esquina de la pantalla de su computadora.

En todo el día, Clara no lo había molestado ni una sola vez.

El mayordomo tampoco había llamado para quejarse de que la señora había salido de compras compulsivas, ni que estuviera haciendo otro berrinche y pidiendo que regresara.

Incluso Silvia, que solía mandarle mensajes a cada rato preguntando: Papá, ¿a qué hora vuelves?, hoy no le había escrito nada.

—¿Vicente? ¿Estás ahí?

Capítulo 10 1

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