—Pero nunca me creíste. Quizás este matrimonio fue un error desde el principio. Pero ahora, nada de eso me importa. ¿Sabes de qué me arrepiento más? ¡De haber recibido esa puñalada por ti, algo que casi me cuesta lo que más amo y adoro en este mundo!
A Nelson se le endureció la mirada, como si por dentro se le juntara todo.
«Lo que más amo y adoro…»
Forzó una sonrisa y respondió:
—¡Parece que te estoy impidiendo encontrar a tu verdadero amor!
Ivana se quedó sin palabras ante su mirada sarcástica.
¿Se estaba burlando de ella?
Era verdad, nadie la había obligado a recibir esa puñalada.
Pero, incluso dejando de lado sus sentimientos por Nelson, ¿acaso estaba mal salvar a alguien? Quizás a esto se refería Petrona cuando decía que un gran favor puede volverse un gran resentimiento.
¡Pero ella nunca había pensado en usar esa deuda para chantajearlo y casarse con él!
Fue Nelson quien se mostró tan tierno y engañoso en ese entonces, haciéndola creer que era amada.
¿Por qué ahora parecía que ella era la ofrecida y desesperada?
Ivana finalmente no pudo contenerse y las lágrimas comenzaron a caer. Lo odiaba, ¿por qué había terminado así?
Ciega de coraje, Ivana alzó la mano como si quisiera hacerse daño, pero Nelson le atrapó la muñeca con firmeza.
Ivana intentó zafarse. Cuando ella lo golpeó, él no se movió, ¿y ahora se metía en lo que no le importaba?
Pero su intento de esquivarlo solo provocó más descontento en Nelson. Con terquedad, le giró el rostro para que lo mirara.
Las lágrimas aún brillaban en las pestañas de Ivana, pero tenía el ceño fruncido, claramente sin querer verlo.
Después de un largo rato, la voz de Nelson finalmente se suavizó.
—Ya no peleemos. ¿Podemos hablar de esto en casa?
Ivana se quedó sin palabras.
El coraje que apenas había logrado reprimir estalló con más fuerza.
—Nelson, ¿acaso no entiendes? ¡Dije que quiero divorciarme de ti! A ti nunca te gusté de verdad, ¿qué clase de teatro estás montando? Dejémonos en paz. Así tú también podrás ir con Yadira, ¿no sería mejor?

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