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Los Secretos de la Hija Recuperada romance Capítulo 1024

Eliana alzó una ceja: «¿Qué? ¿Se picó? ¿De verdad cree que tiene el nivel?»

Esther soltó una risa despectiva:

—Yo solo digo que no se muerda la lengua antes de tiempo, ¡aquí no somos ignorantes que no saben de arte!

Almendra ni les hizo caso.

El mayordomo Armando fue personalmente a traer papel de buena calidad, tinta y pinceles. Fijó el papel en el caballete y se retiró apresuradamente.

Aunque eran empleados y no tenían grandes estudios, creían en la señorita Almendra.

¡Estaban seguros de que la señorita Almendra no los decepcionaría!

Iris sonrió para sus adentros: «Mírala, cómo le gusta el teatro».

—Muy bien, si Almendra quiere actuar, le seguiremos el juego. ¡Quiero ver qué garabato le sale!

La velocidad de Almendra fue impresionante; tan rápida que los demás apenas podían seguirle el ritmo.

Cada trazo era fluido, natural, de una destreza absoluta.

Finalmente, en menos de media hora, una nueva «Pintura de nenúfares y peces» estaba terminada.

Todos contuvieron la respiración al mirar el lienzo.

¡Hermoso!

¡Era verdaderamente hermoso!

Al ver aquellos nenúfares y peces, parecía que el cuadro respiraba: el estanque tenía vida y calma a la vez.

En la parte superior, varios lotos de tinta crecían en una disposición armoniosa.

Simón y los demás levantaron los pulgares al unísono, llenando a Almendra de elogios.

—¡Híjole! Como dicen por ahí, las comparaciones son odiosas. Miren nada más las dos pinturas juntas. Tsk, tsk, tsk. Esa falsificación da pena ajena, parece dibujo de primaria, ja, ja, ja. Y todavía decían que era una obra maestra original. —Luis no tuvo piedad al comparar los cuadros.

La familia de Alonso se quedó de una pieza.

Nunca habían conocido bien a Almendra, no sabían de lo que era capaz. Jamás imaginaron que una chica de dieciocho años pudiera pintar algo con tanto espíritu y vida.

¿Acaso... acaso ella de verdad era el Maestro del Sol Negro?

—Imposible, ¿cómo puede ser? El Maestro del Sol Negro es famoso desde hace años, y ella apenas es una niña... —La voz de Iris se fue apagando.

No se atrevía a seguir pensando. Si Almendra era realmente el Maestro del Sol Negro, ¿qué tan monstruosamente talentosa era?

Todos pensaban que el artista era un viejo de barba blanca. ¿Quién iba a pensar que era una jovencita de dieciocho años?

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