La última vez que fue al hospital, por lo que dijeron el señor Esteban y Mauricio, parecía que él aún arrastraba alguna vieja lesión.
Fabián se enderezó y abrió ligeramente las manos hacia ella.
—Recuperado, y todo gracias a ti.
Si no se hubiera encontrado con Alme aquel día en el Monte Ceniza, quién sabe dónde estaría ahora.
Así que todo esto era obra del destino.
Almendra notó que Fabián no mencionó nada sobre su antigua lesión, así que no insistió. Ya habría tiempo de hablar de eso cuando él realmente necesitara su ayuda.
—Subamos, no hay que hacerlos esperar.
—Espera.
Almendra lo miró, arqueando una ceja.
—¿Qué más?
—Tu celular, déjame guardar mi número —dijo Fabián, extendiendo la mano.
Almendra dudó un instante, pero sacó el celular, lo desbloqueó y se lo entregó.
Fabián primero marcó su propio número desde el celular de Almendra, luego guardó rápidamente el contacto bajo el nombre: «Prometido».
Almendra: …
Ignorando la mirada de fastidio de Almendra, Fabián le devolvió el celular con una sonrisa en los ojos.
—Listo. En la noche te agrego a WhatsApp.
Almendra tomó el celular y se dio la vuelta para irse. Fabián sonrió y la siguió a grandes zancadas.
Cuando salieron juntos del parquecito, en un rincón oscuro, Susana, que estaba siendo besada, interrumpió el momento y miró con la respiración agitada en dirección a Almendra y Fabián.
Bruno, molesto, le dio otro mordisquito en los labios.
—Cariño, ¿te distraes mientras nos besamos?
Esa noche, Susana y Bruno habían acompañado a Rodrigo y a Valeria a visitar a Braulio. Wilfredo, del hospital militar, también había ido para discutir el plan de la cirugía, y les sugirió a ellos dos que bajaran a dar una vuelta.
A Bruno el ambiente del hospital le resultaba opresivo, así que bajó con Susana al parquecito.
El lugar era bastante agradable, y encontraron un rincón oscuro perfecto para un momento romántico.
La mano de Bruno se deslizó de nuevo bajo su ropa, y su voz se volvió ronca.
—Susana, comprometámonos pronto.
Susana, sonrojada, respondió:
—Bruno, mis papás dijeron que en cuanto mi hermano salga de la cirugía, nos comprometeremos.
Bruno la abrazó con más fuerza y suspiró.
—Entonces tendremos que esperar un poco más.
Almendra y Fabián regresaron a la habitación, uno detrás del otro. Todos los miraban con los ojos como platos.
Claro que la mirada de Betina era particularmente afilada.
Mauricio, que era un chismoso de primera, preguntó con curiosidad:
—Hermano, ¿no se supone que Alme te iba a revisar? ¿A dónde se fueron?
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