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Los Secretos de la Hija Recuperada romance Capítulo 126

Por alguna razón, las palabras de Fabián conmovieron profundamente a Almendra.

¿Acaso este hombre sabía exactamente qué decir para tocar la fibra sensible de una mujer?

A lo lejos, el gerente del restaurante, notando que el ambiente se había puesto un poco tenso, le hizo una seña al pianista que habían contratado especialmente para la ocasión.

De repente, una melodía elegante y conmovedora inundó el salón. Las notas, fluidas y vibrantes, hicieron que Almendra levantara una ceja.

Dirigió la mirada hacia el piano de cola blanco en el centro del restaurante. Justo en ese momento, el pianista también miró en su dirección. Al ver a Almendra, su corazón dio un vuelco y se equivocó de tecla.

«¡Cielos, es la maestra!», pensó.

Almendra, por su parte, soltó un bufido mental. «Qué casualidad, hasta comiendo me encuentro a mis alumnos. Y por lo que oigo, no ha progresado mucho últimamente».

—¿Te gusta el piano? —le preguntó Fabián, al verla mirar hacia allá.

Almendra asintió.

—Algo.

Fabián se sorprendió.

—¿Tú también tocas?

—Un poco.

—Algún día tienes que tocar para mí.

—Algún día será.

Él la miró con admiración.

—Almendra, ¿cuántas sorpresas más me tienes guardadas?

Ella sonrió levemente.

—Poco a poco, las irás descubriendo.

En el escenario, Kino, el maestro pianista, al darse cuenta de que su propia maestra lo estaba observando, comenzó a tocar con un cuidado extremo.

Había estado flojeando últimamente. Hoy lo llamaron de emergencia desde el Hotel Real y Noble porque el gran jefe había reservado el lugar para un invitado especial y quería música en vivo. Nunca imaginó que su maestra lo pescaría en plena maroma. Seguro le esperaba un buen regaño.

«Por cierto», pensó, «¿desde cuándo la maestra es tan cercana al jefe del Grupo Ortega?».

—Mi dije. ¿Lo trajiste o no?

Ya casi terminaban de comer y Fabián no sacaba el dije por ningún lado. Almendra empezaba a sospechar que solo la estaba vacilando.

Al escucharla, los ojos de Fabián se iluminaron de emoción. ¿Eso significaba que aceptaba?

Como si hiciera un truco de magia, sacó el dije que llevaba guardado y se lo mostró, asegurándole:

—Te prometo que lo cuidaré con mi vida.

Almendra puso los ojos en blanco. «O sea que todo este tiempo lo traía encima».

La verdad era que Fabián lo había llevado por si acaso. Si Almendra se enojaba y le exigía su dije de vuelta, podría dárselo de inmediato para calmarla.

Pero ahora, parecía que tenía permiso oficial para ser su guardián.

***

Mientras tanto, Betina, a quien Fabián le había rechazado la llamada, esperó un buen rato sin recibir respuesta. Volvió a intentarlo con un mensaje de texto.

[Betina: Fabián, ¿estás ocupado? De verdad necesito hablar contigo.]

Al segundo siguiente, no podía creer lo que veía.

***

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