Se le olvidaba que su puesto de subdirector se lo habían dado a Olga después de rogar y llorar hasta el cansancio.
Olga, que llevaba un buen rato esperando noticias de Frida, también estaba al límite. Las palabras de Néstor la impulsaron a actuar.
Quería saber si Almendra estaba haciendo todo esto con la bendición de Frida.
Porque si no, ¿cómo se atrevía una chamaca de diecisiete años a poner la empresa de cabeza por su cuenta?
***
Frida estaba descansando en la habitación del hospital con Simón.
Le había contado todo: el acoso de Patricio a Almendra y las sospechas de su hija sobre la corrupción en la empresa. Simón estaba que echaba humo. ¡Quería ir personalmente a buscar a Patricio y darle su merecido!
¡El muy sapo quería ser príncipe!
Ese mocoso de Patricio era un bueno para nada, un vago que solo se la pasaba de fiesta en fiesta, cambiando de novia como de camisa. ¿Y ahora se atrevía a ponerle los ojos encima a su hija?
—¡Almendra hizo lo correcto! —exclamó Simón—. ¡Que se quede encerrado un buen rato para que aprenda a respetar!
—¿Y así es como Néstor y Olga educan a su hijo? ¿Lo crían como un inútil y todavía andan presumiendo de él?
—¡Pero lo peor es que se atrevieron a ocultar la verdad! ¡Malditos!
Simón daba vueltas por la habitación, furioso. Quería llamarle a Almendra, pero no quería molestarla.
Solo podía desahogarse ahí mismo.
Y todo porque su niña les había pedido que no intervinieran, que solo la apoyaran desde la distancia.
Frida se sentía culpable.
—Es mi culpa. Por no saber a quién le doy mi confianza. Si te hubiera hecho caso y los hubiera investigado, habría descubierto quiénes eran en realidad hace mucho tiempo.
Simón jamás culparía a su esposa. Se acercó y la consoló.
—Frida, disculpa que te moleste. Es que mi Pato está muy asustado en la comandancia. Como madre, no soporto verlo así. Si la directora Reyes no quiere que lo suelten, ¿puedo ir yo en su lugar? Haré lo que sea para que se le pase el enojo. No solo cinco días, si quiere me quedo un mes encerrada.
Y, como de costumbre, se puso a llorar.
Frida sintió una oleada de desprecio. Siempre era lo mismo. Cada vez que Olga le pedía algo, recurría al chantaje emocional, y siempre le funcionaba. Frida sintió ganas de darse una bofetada a sí misma por haber caído tantas veces.
—Olga, fue Patricio quien le faltó al respeto a una mujer. Hay pruebas contundentes. Cinco días de arresto es una sentencia muy leve. En esto, no puedo ayudarte. Y si no hubiera sido porque le pedí a Almendra que lo dejara ir, nunca me habría enterado de la verdad. Olga, me has decepcionado profundamente.
La voz de Frida temblaba de ira. Si no fuera por los años de amistad, no serían cinco días. ¡Ni cincuenta días encerrado serían suficientes para calmar su furia!
Al escucharla, Olga se quedó helada.
Lo sabía. Tenía que ser esa maldita mocosa de Almendra. Seguro fue a contarle chismes a Frida para ponerla en contra de su hijo.
—¡Frida, estás equivocada! ¡Almendra está mintiendo! ¡Nuestro Pato no le tocó ni un pelo! ¡Fue ella la que lo amenazó con quitarle su puesto si no renunciaba! Como él no se dejó, llamó a sus amigos policías para que inventaran todo y se lo llevaran. ¡Es una mentirosa, una embustera! ¡No te dejes engañar por ella, Frida!
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