Omar sabía que su jefe estaba hasta el cuello con el problema de su hijo, pero los asuntos de la empresa también eran urgentes.
—La señorita Almendra acaba de emitir dos comunicados. El primero es una convocatoria de personal. Prácticamente… prácticamente todos los puestos importantes de cada departamento están en la lista —dijo Omar, bajando la voz cada vez más.
Néstor soltó una risa burlona.
—Seguro solo quiere jugar a ser la jefa. Que contrate a quien quiera. Al final, si no los aceptamos nosotros, no entran y ya.
En los últimos años, la empresa había organizado varias ferias de empleo, pero la decisión final sobre quién se quedaba siempre había sido suya.
Omar tragó saliva.
—Pero, señor… también publicó la vacante de subdirector.
—¿¡Qué!? —El grito de Néstor fue furioso.
—Y… y también la de gerente general, director de diseño, director de finanzas, director de producción… to-todas.
—¡Esa mocosa malcriada! ¿¡Cómo se atreve!? —Con una temperatura de casi cuarenta grados, la rabia le subió a Néstor a la cabeza como un cohete. Sintió que se mareaba, que se iba a desmayar.
De hecho, estuvo a punto. Le faltaba el aire.
—Ese es el primer comunicado. El segundo se enfoca en el departamento de diseño.
—¿Qué más? —preguntó Néstor, aferrándose a un árbol para no caer.
—Exigió que todos los diseñadores se inscriban en el Concurso Nacional de Diseño de Moda. Los que obtengan buenos lugares recibirán ascensos y aumentos de sueldo. Pero los que no tengan un buen desempeño… serán degradados o despedidos, según el caso. La directora Dolores se enfureció y fue a reclamarle a la señorita Almendra, y ella le dijo…
Omar titubeó.
—¿¡Qué le dijo!? —Néstor sentía que el corazón se le iba a salir del pecho.
—Le dijo… que la directora Dolores llegó a ese puesto por puro dedazo, que era una incompetente y que por eso no entendía la satisfacción de ganar un lugar con talento de verdad.

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