Al ver a Fabián bajar del carro de Almendra, Betina sintió un dolor tan agudo en el pecho que apenas podía respirar.
¿Por qué?
¿Por qué Fabián estaba con Almendra a esas horas de la noche?
¿Qué tenía esa pueblerina para que a Fabián le gustara tanto?
¿Era por su cara?
¡Pero si ella, Betina, no era fea!
¿Por qué Fabián se había sentido atraído por Almendra desde el primer momento en que la vio?
¡Dios mío!
¡Fabián le había besado la… mano!
Con una devoción y un cariño que la traspasaron.
¡Iba a volverse loca!
De un manotazo, cerró la cortina con furia. Su rostro, habitualmente cuidado con esmero, se contrajo en una mueca de odio.
¡Almendra!
¡No se iba a quedar de brazos cruzados!
Fabián solo estaba encaprichado. Cuando se le pasara la novedad, se daría cuenta de que a quien realmente quería era a ella.
La única digna de su amor era ella, ¡Betina!
***
Almendra llegó a su habitación, se dio un baño, se secó el pelo y se acostó.
Justo cuando empezaba a dormirse, la pantalla de su celular se iluminó con un mensaje de Fabián:
[Alme, ya llegué a casa. Buenas noches.]
Fabián esperó un par de minutos. Al no recibir respuesta, supuso que estaría demasiado cansada y ya se habría dormido.
Miró la foto de perfil de Almendra en WhatsApp, sonrió levemente y pensó: «Buenas noches, mi chica».
***
Simón y Frida estaban agotados por los últimos días. Cuando se despertaron, ya pasaban de las ocho de la mañana.
Frida se vistió a toda prisa.
Habían planeado hablar con Almendra sobre el asunto de la ahijada durante el desayuno y luego llevarle comida al abuelo al hospital, pero se habían quedado dormidos.

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