¿De verdad tenía solo dieciocho años?
¿Cómo podía ser tan capaz?
¿Quién era en realidad?
Era bien sabido que Olga era íntima amiga de la esposa del hombre más rico del país, y que Néstor y ella siempre habían contado con su protección.
Pero esta directora Reyes, recién llegada, los había destituido de forma impecable y había enviado a toda la familia a la cárcel.
Era increíble.
Los empleados que habían hecho algo indebido durante su tiempo en la empresa empezaron a temblar de miedo.
Perder el trabajo era lo de menos; lo grave era enfrentarse a una investigación.
Especialmente Dolores, la directora de diseño. Todo el mundo sabía que tenía una relación muy cercana con Néstor. Si había conseguido ese puesto, era gracias a él.
Ahora que Néstor había caído por corrupción, ¿qué pasaría con ella?
El ambiente en el departamento de diseño, ya tenso por el concurso obligatorio, era hoy más denso que nunca.
Dolores parecía demacrada. En solo unos días, había envejecido diez años.
Noelia, una diseñadora a la que Dolores había apadrinado, se le acercó para quejarse.
—No sé de dónde salió esa directora Reyes, pero desde que llegó, ha puesto la empresa patas arriba. No hay un día de paz. Y ahora resulta que mandó a la cárcel a toda la familia del director Néstor. ¿Tendrá algo en contra de él?
Dolores negó con la cabeza, ausente.
—No lo sé.
Ahora tenía que preocuparse por sí misma, no tenía tiempo para pensar en Néstor.


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