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Los Secretos de la Hija Recuperada romance Capítulo 177

Al ver a Almendra entrar en la sala de juntas, todos los empleados del departamento de diseño se apresuraron a coger sus cuadernos y bolígrafos y seguirla.

No tenían opción. El aura de Almendra era tan imponente que no parecía la de una chica de dieciocho años.

Además, en los últimos días había despedido a tantos altos cargos con una eficacia implacable que nadie se atrevía a desobedecerla.

Desde que había llegado, no había convocado ni una sola reunión general. Que hoy viniera a reunirse específicamente con ellos, si no asistían, era buscarse el despido.

Noelia, pálida de miedo, vio cómo todos se dirigían a la sala de juntas y le susurró a Dolores:

—Dolores, ¿vamos?

Dolores quería ver qué se traía Almendra entre manos. Ya estaba preparada para lo peor. A lo sumo, perdería su puesto y se iría de Textil Velox. ¡Qué más daba!

—Si no vas, te despiden —dijo, y sin tomar ni lápiz ni papel, se dirigió a la sala.

Noelia, al verla, tampoco cogió nada y la siguió de cerca, temerosa.

Almendra observó a los que habían entrado. Algunos la miraban con resentimiento, otros fingían calma, y otros, asustados, se sentaban en un rincón como si esperaran una tortura.

—Señorita Almendra, disculpe, llegué tarde.

De repente, una voz jadeante rompió el silencio. Todos se giraron y vieron a Cintia, la becaria a la que solían mandar a hacer de todo.

Algunos pusieron los ojos en blanco, molestos. Era una simple becaria, y encima la habían trasladado a recepción. ¿Qué hacía allí metiéndose donde no la llamaban?

Cintia había recibido el aviso de que Almendra iba a dar una capacitación en la sala de juntas de diseño. Rápidamente, organizó su trabajo en recepción, le pidió a un guardia de seguridad que le echara un ojo y corrió con su cuaderno y bolígrafo como si fuera una carrera de cien metros.

Almendra miró al grupo silencioso y habló con voz clara.

—Sé que muchos de ustedes no están contentos conmigo. Sienten que, desde que llegué, he alterado su tranquilidad.

Todos bajaron la cabeza, sintiéndose culpables, sin decir nada.

—Pero, ¿se han puesto a pensar? —continuó Almendra—. Si siguen como hasta ahora, sin aspiraciones, perdiendo el tiempo sin esforzarse por mejorar, tarde o temprano quedarán obsoletos. No solo para Textil Velox, sino para cualquier otra empresa de moda. Para toda la industria. Y entonces, ¿qué harán?

Todos guardaron silencio, sintiéndose aún más culpables e inquietos.

—He revisado todos los diseños de Textil Velox, especialmente los de la colección de primavera-verano de este año. Son estilos muy parecidos a los que otras empresas ya explotaron hace dos años.

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