Almendra: `[¿No te da miedo terminar con una contusión cerebral?]`
Valeria luchaba por contener su furia.
`[Yo, Valeria, cumplo mi palabra. Si de verdad puedes operar a Braulio, me arrodillo y te doy mil reverencias de agradecimiento. Pero si no puedes, ¡tú te vas a arrodillar y me vas a pedir perdón dos mil veces!]`
Estaba decidida a hacer que Almendra se rompiera la cabeza a reverencias, para que aprendiera a no andar de fanfarrona.
Almendra: `[Captura de pantalla enviada a la abuela como testigo.]`
Valeria leyó el mensaje y soltó una risa despectiva.
—¡Maldita! Como si de verdad supiera de medicina. ¡Si la vieja esa intenta protegerla esta vez, juro que a las dos les va a ir muy mal!
¡Ja!
Como si no supiera que para entrar a un quirófano se necesita una cédula profesional. ¿Acaso Almendra la tenía?
¡No tenía ni en qué caerse muerta!
¡No era más que una salada inútil!
Pilar recibió la captura de pantalla y no supo si reír o enojarse.
Su nuera… todos los días se empeñaba en cavar su propia tumba. ¿Qué podía hacer ella?
Susana, viendo que Almendra había hablado con tanta seguridad, empezó a dudar.
—Mamá, ¿y si de verdad sabe de medicina?
De otro modo, ¿cómo podía ser tan descarada?
¿Y hasta hacer una apuesta?
Dos mil reverencias de rodillas… para cuando terminara, seguro tendrían que llamar a una ambulancia.
La duda de Susana hizo que Valeria soltara una risa burlona.
—Tranquila, Susana. A esa maldita la vimos crecer tu papá y yo. Y aunque le encantaba andar jugando con hierbas como a tu abuela, la verdad es que no sabe nada. Si acaso, reconocerá una que otra planta, ¡pero no tiene ni para ser enfermera!

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