Uriel tomó la lista y asintió.
—Sí, señorita. —Luego, preguntó—: Señorita Almendra, ¿qué le gustaría comer?
—No te preocupes por mí, voy a salir.
—De acuerdo.
Uriel sentía una profunda admiración por Almendra. No se había equivocado con ella. A su corta edad, tenía una determinación y una eficiencia impresionantes. Con ella al mando, Textil Velox S.A. crecería a pasos agigantados.
***
Almendra bajó para ir al hospital. Al salir del edificio, notó a un grupo de chicas vestidas a la moda y muy guapas que se asomaban con disimulo por los ventanales de la entrada.
Cintia, que estaba organizando los registros del día, vio a Almendra y la saludó con entusiasmo.
—¡Señorita Almendra!
Almendra asintió y se acercó a ella.
—¿Qué hacen esas chicas?
Normalmente no le habría importado, pero entre ellas reconoció a una de las tres que había seleccionado para la segunda entrevista.
Se llamaba Catalina, si no recordaba mal.
Cintia echó un vistazo y sonrió.
—Ah, ellas. Llevan ahí casi una hora. Vinieron a una entrevista, supongo que ya terminaron, pero no se van. Les pregunté y me dijeron que esperaban a unas amigas.
Almendra entendió.
Al salir, escuchó la conversación de las chicas.
—Ya son las doce, ¿por qué no han salido?
—Sí, ¿no que en Textil Velox S.A. las prestaciones son buenísimas? ¿Cómo que a las doce todavía no salen? ¡Esto es explotación laboral!
—Qué más da. Si te llevas bien con el jefe, salir media hora antes no es problema.
—¡Exacto! Oigan, el tal Uriel de hoy está guapísimo. Me encantó.
—Yo oí que Patricio es el heredero de la empresa. ¿Por qué no lo vimos hoy?
—Alguien como él seguro está en la oficina del presidente, en el último piso. Esperemos un poco más, a lo mejor lo vemos cuando salga a comer.



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