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Los Secretos de la Hija Recuperada romance Capítulo 211

Dicho esto, Almendra sacó papel y pluma de su bolso y se puso a escribir la receta.

Cada trazo fluía limpio y seguro; su caligrafía era preciosa y con carácter.

El señor Esteban no pudo evitar elogiarla: —¡Qué buena letra tienes, Alme!.

Jamás se hubiera imaginado que, a su corta edad, pudiera escribir con tanta maestría. ¡Era admirable!

Fabián y Mauricio también se acercaron, con cara de asombro.

Mauricio pensó que la letra de Almendra era diez veces mejor que la suya. No, qué va, cien veces mejor.

—Es que he practicado mucho —dijo Almendra mientras le entregaba la receta al mayordomo, dándole instrucciones—. Hay que prepararlo según las dosis indicadas, una vez por la mañana y otra por la noche.

El mayordomo asintió rápidamente: —Entendido, señorita Almendra.

Almendra sacó otro frasquito de porcelana de su bolso y se lo dio al señor Esteban. —Esto es para el corazón, tome una pastilla cada noche.

Ese frasco era un medicamento que Almendra había desarrollado ella misma. No se podía comprar en el mercado y su valor era incalculable.

También le había guardado un frasco a Yago, pero solo podría empezar a tomarlo después de salir del hospital y recuperarse.

El señor Esteban estaba encantado. —¿De verdad? ¡Gracias, Alme! ¡Qué detallista eres!

Tomó el frasquito, que se sentía frío al tacto, y no pudo evitar preguntar: —Alme, este medicamento debe ser muy caro, ¿verdad? Dime cuánto es y te lo transfiero, abuelo.

Almendra sonrió. —No es caro. Tómelo como un regalo de mi parte.

—Pero… ¿cómo crees? No podría aceptarlo.

—Es la primera vez que nos vemos y usted me dio un regalo tan valioso. Yo solo le estoy dando un pequeño frasco de medicina.

El señor Esteban estaba realmente conmovido. La muchachita era tan sensata, tan bien portada, y además agradecida. La familia Ortega de verdad se había sacado la lotería con una nieta política tan excepcional.

—Alme, ¿por qué no te quedas a cenar con tu abuelo? ¿Qué te gustaría comer? Le diré a la cocina que lo prepare.

—No puedo, señor Esteban. Tengo una cirugía en el hospital a las seis de la tarde. Vendré a visitarlo otro día.

—¡Ay, Alme! ¡Pero qué bárbara eres! Tan jovencita y ya entras al quirófano a operar. ¡Eres increíble!.

Capítulo 211 1

Capítulo 211 2

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