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Los Secretos de la Hija Recuperada romance Capítulo 212

Mauricio pataleó, desesperado, y se dirigió directamente a Almendra: —Alme, ¿me pasas tu contacto? ¿A ver cuándo nos echamos unas carreritas?

Solo él sabía que los chicos de su equipo no paraban de insistirle que llevara a Almendra para que los entrenara.

—Dile cuñada —le advirtió Fabián con el ceño fruncido.

Mauricio chasqueó la lengua y cedió. —Bueno, cuñada, dame tu contacto, porfis, te lo ruego.

¡Todos se quedaron de a seis otra vez!

¡No manches! ¿El diablillo de la casa le estaba rogando a la señorita Almendra que le diera su contacto?

¿En qué clase de mundo vivían?

Era bien sabido que Mauricio era muy orgulloso y, por lo general, no le hacía caso a nadie, siempre haciendo lo que se le daba la gana.

Almendra soltó una risita y le mostró su código QR.

Fabián, con una mueca de celos, desvió la mirada. ¡Qué coraje!

«¿Por qué le da su WhatsApp a este mocoso?», pensó.

Mauricio por fin tenía el número de Almendra y se reía a carcajadas de felicidad. —¿Cuándo tienes tiempo? Mis compañeros de equipo se mueren por conocerte. ¿Nos harías el honor?

Almendra se había convertido en el ídolo de Mauricio y su equipo. No, ¡en su diosa!

Antes de que Almendra pudiera responder, Fabián intervino con voz gélida: —Tu cuñada está muy ocupada todos los días, ni siquiera tiene tiempo para descansar. ¡Deja de darle lata!

Mauricio hizo un puchero, pero la presión de su hermano mayor lo obligó a callarse. Total, ya tenía su WhatsApp. Podría invitarla otro día. No creía que su hermano pudiera controlarlo todo el tiempo. ¡Ja!

Almendra lo pensó un momento y dijo: —Estos días sí he estado algo ocupada, lo vemos en un par de días.

Mauricio asintió emocionado. —¡Sin problema!

El señor Esteban soltó un par de carcajadas. —Alme ya me recetó algo, no es nada grave. Gracias por preocuparse.

Como Almendra estaba sentada junto al señor Esteban, y Fabián y Mauricio ocupaban otro sillón, Betina, después de un rápido vistazo, se sentó sin la menor ceremonia al lado de Fabián, mirando al señor Esteban. —Me alegra que no sea nada grave, pero debe cuidar mucho su salud.

No había terminado de hablar cuando vio que Fabián se levantaba y se sentaba junto a Mauricio. En un segundo, la situación se volvió sumamente incómoda para ella.

Todos lo vieron, pero nadie dijo nada para no empeorar las cosas.

El señor Esteban sonrió y dijo: —No te preocupes, estoy fuerte como un roble. Alme ya me trajo un montón de regalos para verme. ¿Por qué te molestaste en traer más cosas?

Almendra había dejado claro que los regalos que trajo eran de parte de sus padres. Entonces, ¿qué pretendía Betina al presentarse sola con más regalos?

Pero como Betina se había atrevido a venir, era obvio que ya tenía una respuesta preparada.

Con una sonrisa encantadora y un toque de coquetería, dijo: —Quería venir con mi hermana, pero… como venía con Fabián, no quise molestarlos. Aun así, estaba tan preocupada por su salud que decidí seguirlos. Señor Esteban, ¿no se enojará conmigo por presentarme sin avisar, verdad?

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