Entrar Via

Los Secretos de la Hija Recuperada romance Capítulo 231

Helena bajó la cabeza. —Señorita Betina, no nos atreveríamos. Fue Liliana quien, sin preguntarle ni a la señorita Almendra ni a usted, nos acusó por su cuenta y quiso despedirnos. Además, cuando la señorita Almendra bajó, aclaró la verdad del asunto, pero Liliana incluso se atrevió a cuestionarla. Le faltó el respeto. —

—Tú… —Betina estaba que echaba chispas.

¡Desde que Almendra había regresado, la servidumbre de la casa la respetaba cada vez menos!

Si esto hubiera sido antes, estos sirvientes de quinta se habrían arrodillado a suplicarle perdón, ¿cómo se atreverían a contestarle?

Almendra ignoró la furia de Betina y miró a Liliana. —Tú fuiste quien las acusó injustamente. Pídeles una disculpa y daremos el asunto por terminado.

Liliana, incapaz de contener su rabia, apretó los puños con fuerza.

—¿Qué? ¿Acaso no vas a obedecerme? —Almendra esbozó una ligera sonrisa, pero la frialdad en sus ojos no dejaba lugar a dudas, era una mirada que nadie se atrevía a sostener.

Liliana apretó los dientes y bajó la cabeza rápidamente. —No me atrevería, señorita Almendra. Fui yo quien las juzgó mal. Les pido una disculpa.

Betina estaba furiosa, ¡pero en ese momento no tenía cómo refutar a Almendra!

Vanessa y Carolina vieron a Liliana acercarse y, asustadas, se escondieron de inmediato detrás de Helena. Ellas… ellas no se atrevían a dejar que Liliana se disculpara con ellas.

De lo contrario, en cuanto la señorita Almendra se fuera, la señorita Betina y Liliana definitivamente no las dejarían en paz.

Almendra, que evidentemente había pensado en eso, mandó a llamar al mayordomo. Después de explicarle la situación de manera concisa, añadió: —Hoy tú serás testigo. Una vez que se disculpe, el asunto quedará zanjado. Si alguien aprovecha mi ausencia para causar problemas, no dudaré en encargarme personalmente de que abandone la familia Reyes.

El mayordomo asintió respetuosamente. —Sí, señorita Almendra.

Ahora, Liliana no tuvo más remedio que disculparse con Helena, Vanessa y Carolina frente a todos. Solo entonces se dispersó la gente.

¡Betina estaba a punto de volverse loca de rabia!

Al levantar la vista, vio a Liliana, de pie junto a Betina, mirándola fijamente. Como si no esperara que Almendra levantara la cabeza de repente, desvió rápidamente la mirada hacia Betina y le susurró: —Señorita Betina, el atole está algo caliente, mejor deje que se enfríe tantito.

Betina se extrañó, sin entender qué se traía Liliana entre manos. ¿Que aprendiera de Almendra?

¡Ja! Ella no era tan delicada como Almendra.

Con ese pensamiento, tomó la cuchara, sirvió una cucharada y se la llevó a la boca.

Al instante, sus pupilas se dilataron y maldijo para sus adentros: «¡Me quema! ¡Maldita sea con la cocina! ¿Con este calor no pueden esperar a que se enfríe un poco antes de servirlo?».

Almendra, en cambio, sonrió radiante y miró a Liliana con dulzura. —Liliana, estuve pensando, y de verdad has hecho mucho por esta casa. Has trabajado muy duro todos estos años.

Liliana levantó ligeramente la barbilla, creyendo que Almendra había reconocido su error, y sonrió con hipocresía. —En esta casa, el señor y la señora nunca me han tratado como a una extraña. Es mi deber darlo todo por esta familia.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Los Secretos de la Hija Recuperada