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Los Secretos de la Hija Recuperada romance Capítulo 232

Almendra asintió. —Siendo así, no te andes con formalidades. Veo que el atole de esta mañana quedó muy espeso. Tómatelo por mí.

Dicho esto, le acercó el tazón a Liliana.

El rostro de Liliana cambió al instante. Miró a Almendra, atónita, con el corazón latiéndole a mil por hora.

«¿Será… será que descubrió algo?».

«¿Cómo es posible?».

—No, no, no, ¿cómo me atrevería, señorita Almendra? Usted también trabaja muy duro en la empresa todos los días. Bébaselo usted mientras está caliente. Yo… yo ya desayuné.

No le quedó más remedio que mentir.

Pero la sonrisa en los labios de Almendra se hizo más profunda. —Es solo un tazón de atole. Aunque no es una bebida caliente de chía o maca, también es bueno para la piel, da energía y fortalece el cuerpo.

—No es necesario, señorita Almendra, de verdad ya comí —Liliana estaba a punto de sufrir un ataque de nervios. Sentía que Almendra lo estaba haciendo a propósito, pero esa sustancia era incolora e inodora. ¿Cómo diablos la había descubierto?

Almendra se levantó de su asiento y se acercó a Liliana. —¿Acaso me desprecias por ser nueva en esta casa, que ni siquiera quieres aceptar el atole que te ofrezco?

—No, no es eso, es que de verdad ya comí.

—Un pequeño tazón de atole no ocupa mucho espacio. ¿O será que mi tazón tiene algo… especial?

Mientras hablaba, Almendra revolvía el contenido del tazón con la cuchara, fingiendo estar pensativa.

Liliana ya no se atrevió a negarse. Tomó el pequeño tazón de las manos de Almendra y, como si fuera al matadero, dijo: —Gracias, señorita Almendra. ¡Me lo beberé!

Liliana ya había intuido que Almendra había descubierto algo. Si no se lo bebía, Almendra investigaría y el asunto no se resolvería con solo beberse un tazón de atole. ¡No podía dejar ninguna prueba!

Al ver que Liliana se terminaba el atole del tazón de un solo trago, Almendra finalmente sonrió satisfecha. —Liliana, en el futuro, si hay algo rico, lo compartiré contigo.

La sonrisa en los labios de Liliana se congeló. —Gra-gracias, señorita Almendra. Provecho, voy a seguir con mis labores.

Tras decir esto, Liliana desapareció como por arte de magia.

La sonrisa en los labios de Almendra se tornó gélida mientras regresaba a su asiento para terminar el desayuno.

Betina se quedó totalmente desconcertada, sin saber qué se traía Almendra entre manos. No fue sino hasta que Almendra terminó rápidamente su desayuno y se fue que Betina, tardíamente, se dio cuenta de que algo andaba mal. No, era el tazón de atole el que no estaba bien.

Capítulo 232 1

Capítulo 232 2

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