¡Se quedó totalmente pasmada!
Se quedó plantada en el mismo lugar, sin saber qué hacer.
«¿Cómo es posible?»
«¿Será que estoy viendo visiones? ¿Por qué esa maleante está sentada en el lugar del entrevistador?»
—Señorita Catalina, ella es la presidenta de nuestra empresa, la señorita Almendra. Ella se encargará personalmente de la segunda entrevista.
La secretaria que la acompañaba, al verla inmóvil y estupefacta, procedió a hacer la presentación.
Catalina, aún en shock, sintió como si un trueno retumbara en su cabeza.
«Se acabó».
«Ahora sí, se acabó todo».
Jamás se hubiera imaginado que esa matoncita era la nueva presidenta de Textil Velox S.A., ¡la señorita Almendra!
Entonces, ¿dónde estaban Néstor y Patricio Díaz?
¿Qué demonios estaba pasando?
La chica frente a ella parecía incluso más joven que ella. ¿Cómo era posible que ya fuera la presidenta de una empresa?
¿Quién era en realidad?
—Señorita Catalina, por favor, tome asiento.
La voz de Almendra sonó serena mientras tomaba con calma el currículum de Catalina.
Catalina finalmente reaccionó, aunque su mente seguía sumida en la incredulidad.
—Gra-gracias.
Sentía todo el cuerpo entumecido, como si sus manos y pies no le pertenecieran.
—Señorita Catalina, graduada de la Escuela de Diseño Quetzal. Nada mal.
Almendra habló con una expresión tranquila.
La Escuela de Diseño Quetzal era una institución de renombre en La Concordia, con diversas carreras de diseño como moda, joyería y arquitectura, ofreciendo un programa bastante completo. Muchos de los maestros más reconocidos de la industria se habían graduado de ahí.
Además, el currículum de Catalina incluía medallas de múltiples premios ganados durante su época escolar, lo que lo convertía en un expediente bastante impresionante. Por eso Almendra la había seleccionado.

VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Los Secretos de la Hija Recuperada