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Los Secretos de la Hija Recuperada romance Capítulo 241

¡Se quedó totalmente pasmada!

Se quedó plantada en el mismo lugar, sin saber qué hacer.

«¿Cómo es posible?»

«¿Será que estoy viendo visiones? ¿Por qué esa maleante está sentada en el lugar del entrevistador?»

—Señorita Catalina, ella es la presidenta de nuestra empresa, la señorita Almendra. Ella se encargará personalmente de la segunda entrevista.

La secretaria que la acompañaba, al verla inmóvil y estupefacta, procedió a hacer la presentación.

Catalina, aún en shock, sintió como si un trueno retumbara en su cabeza.

«Se acabó».

«Ahora sí, se acabó todo».

Jamás se hubiera imaginado que esa matoncita era la nueva presidenta de Textil Velox S.A., ¡la señorita Almendra!

Entonces, ¿dónde estaban Néstor y Patricio Díaz?

¿Qué demonios estaba pasando?

La chica frente a ella parecía incluso más joven que ella. ¿Cómo era posible que ya fuera la presidenta de una empresa?

¿Quién era en realidad?

—Señorita Catalina, por favor, tome asiento.

La voz de Almendra sonó serena mientras tomaba con calma el currículum de Catalina.

Catalina finalmente reaccionó, aunque su mente seguía sumida en la incredulidad.

—Gra-gracias.

Sentía todo el cuerpo entumecido, como si sus manos y pies no le pertenecieran.

—Señorita Catalina, graduada de la Escuela de Diseño Quetzal. Nada mal.

Almendra habló con una expresión tranquila.

La Escuela de Diseño Quetzal era una institución de renombre en La Concordia, con diversas carreras de diseño como moda, joyería y arquitectura, ofreciendo un programa bastante completo. Muchos de los maestros más reconocidos de la industria se habían graduado de ahí.

Además, el currículum de Catalina incluía medallas de múltiples premios ganados durante su época escolar, lo que lo convertía en un expediente bastante impresionante. Por eso Almendra la había seleccionado.

Catalina sabía que, incluso si se humillaba en ese momento, no la contratarían. Siendo así, ¿para qué quedarse a hacer el ridículo?

Almendra asintió y le devolvió el currículum.

—También creo que nuestra empresa no es adecuada para la señorita Catalina.

Catalina estaba a punto de explotar de rabia. ¡Era ella quien renunciaba a la oportunidad de trabajar ahí, no era que no tuviera la capacidad! Con su currículum, encontrar una empresa mejor que Textil Velox S.A. era pan comido. ¡Ja!

Tomó su currículum y se dio la vuelta para marcharse. Al recordar cómo se había bajado el escote momentos antes, se sintió como una completa payasa.

¡Con razón la secretaria la había mirado de una forma tan extraña! ¡Qué oso!

Se subió el cuello de la blusa y salió del edificio de Textil Velox S.A. cabizbaja y avergonzada.

Quería decirle a Erika que esa maleante no era alguien con quien meterse, pero por alguna razón, no lograba comunicarse con ella; el teléfono no entraba. Intentó llamar a Beatriz, pero tampoco nadie contestó.

«Como sea», pensó. «Mejor me voy a casa y ya veré después».

Almendra terminó las entrevistas a las 12 del mediodía. Salió del departamento de recursos humanos con la intención de ir al hospital a checar unas cosas.

Justo al llegar al vestíbulo del primer piso, vio a Cintia, Dolores y un grupo del departamento de diseño, mochilas al hombro, dirigiéndose hacia el elevador.

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