Zacarías entendió lo que Fabián quería decir. Hace tres años, A se había ganado muchos enemigos poderosos, y hasta el día de hoy, diversas facciones en todo el mundo seguían buscando su verdadera identidad.
La preocupación de Fabián era completamente justificada.
—No te preocupes, daré la orden para asegurar que la verdadera identidad de A no se filtre bajo ninguna circunstancia.
Fabián asintió.
—Te lo encargo.
Aunque en su momento desmantelaron la mayor red de estafa y trata de personas del mundo, hubo peces que se escaparon de la red, y no fueron pocos.
Esa gente era despiadada y cruel, involucrada en todo tipo de actividades ilícitas.
Si se difundía la noticia de que Almendra era A, los problemas llegarían en masa. No es que temiera a esa gente, sino que temía por la seguridad de ella.
Después de todo, solo era una chica de 18 años.
Tras intercambiar unas palabras más con Zacarías, Almendra salió.
De repente, se dio cuenta de que la forma en que Fabián la miraba era extraña, pero no sabía decir exactamente por qué.
—Te llevo a casa.
Fabián no dijo más. Frente a Zacarías, Mario y los demás, tomó la mano de Almendra, se despidió del grupo y salió de la estación de policía.
Al verlos, Zacarías no pudo evitar comentar:
—Quién diría que esos dos terminarían juntos.
El corazón de Mario volvió a doler. La nuera que había estado considerando durante tanto tiempo se la habían arrebatado, y él no se atrevía a decir ni pío.
Siendo sinceros, Alme era tan excepcional que solo alguien de la familia Ortega estaba a su altura.
Verlos juntos era como ver a una pareja predestinada.
Al salir de la estación, Fabián siguió sujetando la mano de Almendra mientras subían al carro, sin decir una palabra.
Almendra se sintió un poco extraña. ¿De qué habrían hablado él y el director Corral?
Martín solo podía pensar en la misión que le había encomendado el abuelo. De hecho, el anciano acababa de llamarlo para preguntarle por su progreso.
¡Qué vida la suya!
Cuando su jefe salió con Almendra, había querido tomar una foto a escondidas para contentar al abuelo, pero al ver la cara de pocos amigos de su jefe, no se atrevió.

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