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Los Secretos de la Hija Recuperada romance Capítulo 280

Almendra levantó con calma sus hermosos párpados y miró a Betina como si estuviera viendo a un payaso.

—Mi método de estudio es, en efecto, muy bueno. La gente común no podría aprenderlo, no es para ti.

Betina estaba a punto de explotar de rabia.

¿Almendra estaba diciendo claramente que ella era “gente común”?

¡Qué descaro!

—Ya que el método de estudio de mi hermana es tan bueno, ¿supongo que en este examen de ingreso sacarás la calificación perfecta?

Betina pensó: «Si Almendra quiere hacerse la importante, entonces la pondré en un pedestal. ¡Mientras más alto la suba, más dura será la caída!»

Obtener una calificación perfecta no era algo que cualquiera pudiera lograr. De los cuatro hermanos, solo Cristian y Alexandro lo habían conseguido; a Gilberto y Marcelo les faltaron algunos puntos.

¿Y Almendra, salida de un pueblo perdido? Olvídate de una calificación perfecta, ¡debería dar gracias si lograba entrar a una universidad de tercera!

Almendra miró a Betina con un aire divertido.

—Los resultados aún no salen. Quién sabe, a lo mejor sí es la calificación perfecta.

Betina no se esperaba que Almendra tuviera tanta cara.

¿De verdad creía que podía sacar la calificación perfecta?

Ja.

—¡Cielos, hermana! ¿La calificación perfecta? ¿De verdad crees que puedes sacar la calificación perfecta? —dijo Betina, tergiversando deliberadamente las palabras de Almendra. Quería acorralarla.

Almendra dejó los cubiertos y miró a Betina con un profundo significado.

—Y si saco la calificación perfecta, ¿tú qué harás?

Betina se quedó perpleja por un segundo, y luego se rio.

—Si mi hermana de verdad saca la calificación perfecta, entonces, por supuesto, te trataré como a una reina todos los días y te rogaré que me enseñes a estudiar.

Almendra asintió.

—De acuerdo.

Gilberto no pudo evitar reírse.

—Parece que nuestra Alme tiene mucha confianza. Betina, más te vale que te prepares para estudiar.

Betina apretó los dientes en secreto y miró a Gilberto con coquetería.

—Gilberto, eres un consentidor. Si mi hermana no saca la calificación perfecta, ¿quién sabe? A lo mejor ella tendrá que aprender de mí.

La indirecta era clara: si Almendra no obtenía la calificación perfecta, tendría que servirle el té y el agua.

Pero Gilberto negó con la cabeza.

—No subestimes a Alme. Esperemos a que salgan los resultados.

Almendra soltó una risita.

—¿Tú qué crees?

Fabián puso cara de desdicha.

—No sé.

La sonrisa en los labios de Almendra se hizo más profunda. De repente, le pareció que Fabián era adorable.

—Sí, lo habría hecho.

El rostro de Fabián se iluminó de alegría.

—¿De verdad?

—No, es broma.

Fabián se quedó helado.

—Te estoy tomando el pelo. Son solo unos pasos, ¿por qué no iba a acompañarte?

El ánimo del hombre, que se había desplomado, se recuperó al instante. Tomó la pequeña mano de Almendra.

—Hoy por fin salí temprano del trabajo. Descansa pronto.

Almendra asintió, aunque por dentro pensaba: «Aunque no esté en la oficina, igual tengo que trabajar. Hay muchas cosas esperándome».

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