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Los Secretos de la Hija Recuperada romance Capítulo 294

Detrás de Simón y Frida, la multitud de representantes se estiraba para ver a la alumna estrella de este año.

Sentada tranquilamente en una silla del lujoso comedor, había una joven de dieciocho años. Descansaba con la espalda erguida y elegante, su cuello, largo como el de un cisne, ligeramente levantado. Su cabello negro y liso caía como una cascada sobre sus hombros, brillando como la seda bajo la suave luz.

Llevaba un sencillo vestido blanco cuya falda ondeaba suavemente alrededor de sus piernas, como un loto en flor. Sus delgados dedos reposaban sobre la mesa, y de ella emanaba un aura fría, pura e imponente, la de una verdadera jefa.

Cuando escuchó el alboroto en la entrada, giró lentamente la cabeza para mirar. Al verla, todos contuvieron la respiración.

«¿Esta… esta es la alumna con el puntaje perfecto? ¡Es demasiado hermosa! ¡Parece un ángel caído del cielo!»

Sin embargo, sus ojos, claros y puros como el cristal, eran profundos, penetrantes e indomables, provocando que nadie se atreviera a sostenerle la mirada por miedo a ser consumido.

«Esta chica parece un poco… ¿fría? No parece fácil de tratar». Pero, aun así, tenían que intentarlo con toda la desfachatez del mundo. Después de todo, era la número uno.

Simón ordenó a los sirvientes que prepararan bebidas y botanas, pero en ese momento, ¿quién tenía ganas de comer? Uno por uno, se acercaron con sonrisas halagadoras y comenzaron a promocionar sus respectivas escuelas.

—Señorita Almendra, somos de la Universidad La Concordia y la invitamos sinceramente a unirse a nosotros. Nuestro rector ha dicho que, si acepta, podemos ofrecerle un dormitorio individual, un chef personal para sus tres comidas diarias, ¡y total flexibilidad con su horario de clases! ¡Todos los laboratorios de la universidad estarán a su entera disposición!

Al escuchar esto, el aura de Almendra se suavizó un poco. Don Cristóbal realmente sabía cuáles eran sus puntos débiles.

—Señorita Almendra, nosotros somos de la Universidad Central de Valparaíso. Si viene a nuestra escuela, le proporcionaremos el mejor equipo de laboratorio. ¡Cualquier cosa que le interese, la conseguiremos aunque tengamos que vender hasta la camisa! Podrá ir a donde quiera, cuando quiera; la universidad no limitará su libertad en lo absoluto. ¡Lo único que importa es que esté contenta! —dijo el director de admisiones de la UCV, sin quedarse atrás.

Capítulo 294 1

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