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Los Secretos de la Hija Recuperada romance Capítulo 308

Desde la última vez que vio a Almendra en el hospital, Tobías había querido invitarla a comer, pero al verla tan ocupada todos los días, no se había atrevido a proponérselo.

Hoy, al ver que Almendra no parecía estar ocupada con otras cosas y estaba en el hospital, finalmente reunió todo su valor y se lo pidió.

Solo esperaba que su maestra tuviera tiempo.

Almendra hizo una pausa y sonrió a modo de disculpa.

—Tengo algo que hacer en un rato, ¿qué te parece si lo dejamos para otro día?

Al oír esto, Tobías no mostró ninguna incomodidad por el rechazo. Después de todo, él sabía lo ocupada que estaba Almendra.

—Claro, maestra. Atienda sus asuntos.

—Sí.

—Entonces, regresaré a mi oficina.

—De acuerdo.

Ese breve intercambio de palabras fue suficiente para que cierto individuo al otro lado del teléfono se pusiera verde de celos.

«¿Alguien intentando bajarle a su prometida?».

Por el sonido de la voz, el tipo parecía bastante joven.

De repente, a Fabián le entraron unas ganas tremendas de saber quién era el insolente que se atrevía a invitar a su prometida a comer a solas, justo en sus narices.

Almendra no le dio mayor importancia. Miró su celular y vio que solo le quedaba un 1% de batería. Le dijo a un silencioso Fabián:

—Hablamos luego, el celular se me va a apagar.

Fabián estaba perdido en sus conjeturas, esperando a preguntarle a Almendra quién era el jovencito que la había invitado a comer. Pero ella de repente le dijo que su celular estaba a punto de apagarse, lo que provocó que las mil palabras que tenía en la punta de la lengua se le atoraran en la garganta, dejándolo con una sensación terriblemente frustrante.

—Está bien.

—Sí, voy a buscar un cargador.

Tras colgar, Fabián, sentado en su escritorio, se quedó mirando la pantalla oscura de su celular, pensativo.

En ese momento, Martín llamó a la puerta y entró.

—Jefe, la policía de casi diez ciudades, incluyendo Costa del Silencio, Valle Sombrío y Monte Neblina, ya ha llevado a la gente a la comisaría para una mayor investigación.

¡Guido y Boris no daban crédito a lo que oían!

A pesar del calor sofocante del verano, en ese momento sintieron un escalofrío que les recorrió desde los pies hasta la cabeza.

Pero, ¿cuánto tiempo había pasado? ¿Cómo era posible que la policía ya hubiera arrestado a todos los troles que habían contratado?

Lo más increíble era que esos troles estaban esparcidos por diferentes ciudades.

¿Cómo demonios lo habían logrado?

Esa doctora Alma… ¿quién era en realidad?

La verdad es que, cuando aceptaron el trabajo, Guido y Boris habían dudado un poco. Después de todo, la persona a la que tenían que desprestigiar era la doctora Alma.

Aunque la doctora Alma mantenía un perfil bajo en internet, parecía tener un poder especial. Sin siquiera haber mostrado su rostro, estaba rodeada del apoyo de peces gordos de todos los sectores, y su número de seguidores crecía a una velocidad vertiginosa.

Pero es que la oferta era de 10 millones, una suma nada despreciable, así que decidieron arriesgarse, esperando tener suerte.

¡Quién iba a pensar que, habiendo recibido el encargo a las 10 de la noche del día anterior, hoy por la mañana ya les habían desmantelado el changarro!

Ambos estaban que se morían del arrepentimiento, pero no les quedó más remedio que seguir a la policía con los ojos llorosos.

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