Entrar Via

Los Secretos de la Hija Recuperada romance Capítulo 338

Al ver que Betina aceptó su propuesta tan rápido, Liliana se llenó de alegría.

Perfecto. De esta manera, Betina aún podría casarse con un Ortega y convertirse en la esposa del segundo joven amo de la familia, tal como estaba planeado originalmente.

—Señorita Betina, qué bueno que lo ha entendido. El joven Fabián ya no merece que siga invirtiendo ningún sentimiento en él.

A pesar de todo, a Betina todavía le costaba superar lo de Fabián.

Después de todo, era el hombre del que había estado enamorada desde niña. ¿Cómo podría olvidarlo de la noche a la mañana?

Elegir a Lorenzo no era más que una medida desesperada.

Pero si lograba casarse y entrar a la familia Ortega, vivir bajo el mismo techo que Fabián, también sería bueno.

Cuanto más lo pensaba, más perfecto le parecía el plan de Liliana.

—Liliana, pero… ¿cómo me acerco a Lorenzo para que le guste?

No tenía ni idea de por dónde se movía Lorenzo.

Liliana sonrió con picardía. —¿Y quién dijo que necesita gustarle, señorita Betina? Usted solo tiene que decirle al patriarca que lo admira, y dejar que él se lo comunique a la señora. Ellos se encargarán de proponerle el asunto a la familia Ortega. Mientras Don Esteban dé el visto bueno, ¿acaso el joven Lorenzo no hará lo que le digan?

Todo el mundo sabía que en la familia Ortega, la palabra de Don Esteban seguía siendo la ley. Por muy exitosos que fueran sus tres nietos, al final se hacía lo que el abuelo decía.

Al escuchar esto, Betina sintió que la confusión en su corazón se disipaba de golpe. Parecía haber encontrado un nuevo objetivo y una nueva motivación.

—Liliana, has sido tan buena conmigo. No sé ni cómo agradecértelo.

Liliana la miró con una expresión de profundo cariño. —Señorita Betina, yo la cuidé desde que nació. La tuve en mis brazos más tiempo que sus propios padres. Hace mucho que la quiero como si fuera mi propia hija.

»No se preocupe, lo que usted desee, sin importar cómo, encontraré la manera de conseguirlo para usted.

Betina se conmovió aún más y se lanzó a los brazos de Liliana, rompiendo a llorar. —Liliana, de verdad me quieres más que mis propios papás.

—Señorita Almendra, la señora dio instrucciones específicas de que bebiera esto antes de dormir cuando regresara.

Almendra la tomó. —Gracias.

Helena sonrió amablemente. —No tiene por qué darnos las gracias, señorita Almendra. Cuidar de usted es nuestro trabajo.

—Tú también descansa temprano.

—Señorita Almendra, yo… yo…

Al ver a Helena dudar, Almendra enarcó una ceja. —¿Qué pasa? Dímelo sin rodeos.

Helena bajó la voz. —Las empleadas no deberíamos meternos donde no nos llaman, pero hoy regresó Liliana y ha estado todo el tiempo arriba con la señorita Betina. Cuando fui a limpiar su habitación, me pareció oír sollozos desde el cuarto de la señorita Betina y… y mencionaron al joven Fabián. Como el señor y la señora están en el hospital con el abuelo, sentí que debía decírselo.

Helena no había escuchado mucho, pero sabía, al igual que todos los empleados de la casa, que a Betina le gustaba Fabián.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Los Secretos de la Hija Recuperada