La persona al otro lado, con el nombre clave Colibrí, se emocionó al oír que iban a la Zona Cero. —¿Jefa, vamos a buscar pleito? ¡Ya se me estaban entumiendo los huesos de tanto descansar!
Almendra, sin palabras, le respondió secamente: —No.
—Ah —dijo Colibrí—. Como ordene, jefa. ¿A qué hora salimos más o menos?
Almendra tenía una carrera con Mauricio mañana por la noche. Lo pensó un momento y dijo: —Después de las diez.
—¡Entendido, jefa!
***
A la mañana siguiente, justo cuando Almendra iba a bajar, recibió una llamada de Frida.
Pensando que algo le había pasado al abuelo, contestó de inmediato. —¿Mamá, qué sucede?
—Alme, tu abuelo dice que está muy aburrido en el hospital y quiere recuperarse en casa, ¿crees que se pueda?
Era cierto que a las personas mayores no les gusta estar en los hospitales. Además, el abuelo sentía que ya no tenía ningún problema grave, solo era cuestión de esperar a que la herida sanara.
Simón y Frida, siendo hijos devotos, temían que se sintiera solo, así que pasaban todo el día con él en el hospital, sin comer ni dormir bien, y a él le dolía verlos así.
Al escuchar esto, Almendra asintió de inmediato. —Claro que se puede.
De hecho, ella había tenido la misma idea el día anterior y pensaba decírselo hoy o mañana, pero no esperaba que el abuelo se adelantara.
—¡Qué bueno! Tu papá y yo le tramitaremos el alta hoy mismo. Contrataremos a una enfermera para que lo cuide en casa, y para las infusiones y medicamentos, el chofer puede venir al hospital a recoger al doctor y llevarlo a la casa.
—Perfecto. Por la noche, cuando regrese del trabajo, puedo revisarlo de nuevo.
—De acuerdo, Alme. Tú también cuídate y descansa en el trabajo.


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