La persona al otro lado, con el nombre clave Colibrí, se emocionó al oír que iban a la Zona Cero. —¿Jefa, vamos a buscar pleito? ¡Ya se me estaban entumiendo los huesos de tanto descansar!
Almendra, sin palabras, le respondió secamente: —No.
—Ah —dijo Colibrí—. Como ordene, jefa. ¿A qué hora salimos más o menos?
Almendra tenía una carrera con Mauricio mañana por la noche. Lo pensó un momento y dijo: —Después de las diez.
—¡Entendido, jefa!
***
A la mañana siguiente, justo cuando Almendra iba a bajar, recibió una llamada de Frida.
Pensando que algo le había pasado al abuelo, contestó de inmediato. —¿Mamá, qué sucede?
—Alme, tu abuelo dice que está muy aburrido en el hospital y quiere recuperarse en casa, ¿crees que se pueda?
Era cierto que a las personas mayores no les gusta estar en los hospitales. Además, el abuelo sentía que ya no tenía ningún problema grave, solo era cuestión de esperar a que la herida sanara.
Simón y Frida, siendo hijos devotos, temían que se sintiera solo, así que pasaban todo el día con él en el hospital, sin comer ni dormir bien, y a él le dolía verlos así.
Al escuchar esto, Almendra asintió de inmediato. —Claro que se puede.
De hecho, ella había tenido la misma idea el día anterior y pensaba decírselo hoy o mañana, pero no esperaba que el abuelo se adelantara.
—¡Qué bueno! Tu papá y yo le tramitaremos el alta hoy mismo. Contrataremos a una enfermera para que lo cuide en casa, y para las infusiones y medicamentos, el chofer puede venir al hospital a recoger al doctor y llevarlo a la casa.
—Perfecto. Por la noche, cuando regrese del trabajo, puedo revisarlo de nuevo.
—De acuerdo, Alme. Tú también cuídate y descansa en el trabajo.
Al oír esto, Liliana sonrió. —Claro, claro. Señorita Betina, es usted tan modesta y considerada.
—Es verdad. Yo creo que la señorita Betina no tiene por qué ser tan cuidadosa. Al fin y al cabo, la señorita Almendra vivió en el campo, con recursos limitados. Si le gusta el piano, también puede aprender, ¿no?
Liliana resopló. —¿Aprender? El piano no es algo que se domine de la noche a la mañana. Se necesita empezar desde niño y tener la guía de un maestro. Si no tienes talento, los grandes maestros ni siquiera te aceptan.
Incluso a Betina le costó mucho trabajo ser aceptada como discípula de Kino.
—Cierto, cierto, Liliana tiene razón. La señorita Almendra sabe de medicina y la señorita Betina de piano. Cada quien tiene sus intereses.
Este último comentario le valió a la empleada una mirada de desaprobación de Liliana. Vaya ocurrencia, mencionar lo que no debía.
Helena, que había estado conteniendo su molestia, encontró la oportunidad perfecta para intervenir y dijo con una sonrisa: —Así es. La señorita Almendra no solo es una médica excepcional, sino que también fue la única en todo el país en obtener la calificación perfecta en el examen de ingreso. Es realmente impresionante.

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