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Los Secretos de la Hija Recuperada romance Capítulo 347

Al instante, los ojos de los otros chicos se abrieron como platos.

¡Era… era demasiado guapa y tenía una actitud increíble!

¡Con razón era la Diosa de las Motos, famosa incluso en el extranjero!

Fabián, al ver cómo todos miraban a Almendra sin disimulo, se quitó también su casco.

Mauricio no les había dicho a sus amigos que Fabián vendría. La reputación de Fabián era tal que aterrorizaba a los jóvenes como ellos. Si se los hubiera dicho, probablemente ninguno se habría atrevido a venir.

Héctor y los demás sentían curiosidad por saber quién iba sentado detrás de Almendra; parecía alto y corpulento. Antes de que pudieran preguntar, el hombre se quitó el casco, y en ese instante, hasta el viento del cañón pareció detenerse.

Excepto por Mauricio, los demás casi se caen de sus motos del susto.

—¡Joven… joven… joven Fabián!

—Buenas noches, joven Fabián.

—Buenas noches, joven Fabián.

Los muchachos se bajaron de inmediato de sus motos y, con el corazón en un puño, saludaron a Fabián con el mayor de los respetos.

Fabián asintió fríamente, emitió un “mm” y, mirando a Almendra, que estaba delante de él, dijo: —Ella es mi Almendra.

Fabián enfatizó el “mi” para advertirles que Almendra era suya.

Los muchachos se apresuraron a saludar a Almendra.

—Buenas noches, señorita Almendra.

—Buenas noches, señorita Almendra.

—El joven Fabián y la señorita Almendra son tal para cual, una pareja hecha en el cielo.

—¡Sí, sí, el joven Fabián y la señorita Almendra son el uno para el otro!

—El joven Fabián y la señorita Almendra, la pareja perfecta.

—El joven Fabián y la señorita Almendra, ¡una unión celestial!

—El joven Fabián y la señorita Almendra… ¡y que… que tengan un hijo pronto!

Mauricio no podía más. De verdad no entendía por qué su hermano mayor había venido a meterse con sus amigos.

Fue Almendra quien, al ver la situación, intervino. —Empecemos desde aquí. Un par de vueltas para calentar.

Mauricio asintió de inmediato. —¡De acuerdo!

Los demás recuperaron la confianza al instante y se subieron a sus motos.

Mauricio, al ver que Fabián no tenía intención de bajarse, chasqueó la lengua. —Hermano, ¿tú también vas a correr?

El problema era que, con él allí, sus amigos no podrían correr a gusto.

Fabián entendió la indirecta de Mauricio y dijo con toda seriedad: —¿Acaso mi presencia los pone nerviosos?

Los otros querían asentir, pero no se atrevían.

Mauricio, emocionado, pensó que Fabián por fin había captado y se bajaría. Asintió con entusiasmo. —Pues claro que sí.

Fabián reflexionó un momento y, con una expresión muy seria, concluyó: —Entonces corran más despacio. La seguridad es primero.

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