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Los Secretos de la Hija Recuperada romance Capítulo 372

Álex sonrió con frialdad.

—¿Ablandarme? ¿Qué es eso? ¿Acaso tú lo conoces?

El hombre de la máscara estalló en una carcajada.

—¡Esa porquería no ha existido para mí jamás!

***

Por la tarde, Almendra y Fabián subieron de nuevo a la montaña para recolectar algunas hierbas más. Esta vez eran para el tratamiento de Fabián.

Había que admitir que el Cerro La Corona de Plumas hacía honor a su nombre. Hierbas que en el país eran imposibles de conseguir, incluso pagando una fortuna, y otras que se consideraban extintas incluso en la Morada del Espíritu, ¡se podían encontrar aquí! Y en abundancia.

Si se convirtiera en dinero toda la flora exótica de la montaña, los cuarenta mil millones de Fabián no habrían sido una pérdida. Claro que, para alguien que no supiera de medicina, probablemente sería una estafa monumental.

—Hay que aumentar el personal de seguridad aquí.

Caminando por el sinuoso sendero de la montaña, Almendra observaba los frondosos prados a ambos lados, salpicados de hierbas medicinales de extraños aromas, y habló en voz baja.

El Cerro La Corona de Plumas era un tesoro por donde se le viera. Las ramas de los altos árboles se entrelazaban, formando una bóveda verde natural que protegía a las raras hierbas de abajo del sol abrasador y la lluvia. En el bosque, la luz del sol se filtraba a través de las hojas, creando manchas de luz que iluminaban las valiosas plantas medicinales que crecían en los rincones húmedos y sombríos.

Fabián asintió.

—De acuerdo.

Quién iba a decir que la montaña que compró hace tres años por una sola planta de Musgo Esmeralda resultaría ser un tesoro.

Era evidente que a Almendra le encantaba este lugar y que valoraba cada una de las plantas de la montaña. Además, esta vez, bajo el nombre del Cerro La Corona de Plumas, había desarrollado el antídoto para el virus que circulaba en Zona Cero. Esto haría que las demás organizaciones reconocieran aún más el poder del lugar, y temía que despertara su codicia.

Ambos llegaron a la cima de la montaña. Mirando a lo lejos, toda la cordillera parecía un lienzo vibrante y colorido. Entre las ondulantes montañas, las nubes y la niebla se arremolinaban, creando una escena de ensueño. Especialmente los campos de hierbas medicinales, que parecían un océano verde, ondulando con una vitalidad y una esperanza infinitas.

—Cuando regresemos, comenzaremos tu tratamiento. En tres meses deberíamos ver resultados.

Almendra sostenía una valiosa hierba medicinal mientras hablaba con una sonrisa.

—Almendra, ¿cómo podría agradecértelo? —Fabián sentía que Almendra era su pequeño amuleto de la suerte. Con ella a su lado, no dejaban de pasarle cosas buenas.

Almendra levantó la vista hacia él.

—Con que cooperes con el tratamiento será suficiente agradecimiento.

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